Tengo algo curioso que mostrarte, dijo el viejo maestro al joven mientras se arrodillaba a orillas del lago, observa esto apoyo mis pies en la tierra y esta no se aparta, levanto agua con mis manos y esta se me escabulle entre los dedos inexorablemente. Respiro profundo y mientras el aire llena mis pulmones el sol me entibia los huesos ¿no te parece increíble?
El joven, que no sabía si el maestro se había vuelto loco o le tendía una emboscada respondió con otra pregunta ¿por qué habría de sorprenderme? Si es así como funciona con todos mí querido maestro.
Debí imaginarlo dijo el viejo, entonces dime algo ¿Por qué abres juicio de todo? ¿Si la tierra no se hace a un lado cuando la pisa el corrupto o el honesto, si el agua se escurre entre los dedos del justo y del falso por igual, si respiras el mismo aire que tu peor enemigo y el sol calienta a todos de la misma forma? Dime, repitió el anciano, si la tierra, el agua, el aire y el sol no nos juzgan, quien eres tú para hacerlo.
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1 comentario:
Hermoso y perfecto...
quien soy yo para juzgar... Que facil es juzgar y cuanto cuesta una minima tentativa de parar, de dejar de juzgar...
gracias
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