NATURAL-MENTE
‘’Curioso fenómeno el de la vela
Que con tan pequeña luz hace retroceder
La obscuridad a su alrededor’’
Una de las características de nuestro tiempo –hablo del que compartimos, no del personal- es sin lugar a dudas su velocidad, una velocidad donde como una paradoja aparece la idea de que no hay tiempo, pero no porque el tiempo no exista sino porque el tiempo se comprime a la medida de las tendencias del momento, y nosotros –que confundimos fácilmente común con normal- tratamos de adaptarnos lo mejor posible, y en el intento sacrificamos muchas veces la calma necesaria para vivir en un estado de gracia.
Después, con esta habilidad de adaptarnos, corremos a la velocidad de las cosas y cuando lo logramos nos sentimos satisfechos, pero más tarde o más temprano la necesidad real del ser reclama su cuota de calma, su ritmo lento y cadencioso empieza a sentirse, y uno entiende los ritmos del ser y reconoce el desfasaje con lo cotidiano.
Llegado este punto uno se encuentra atrapado victima de sus propias estructuras de funcionamiento –léase familia, trabajo, etc.- y le es muy difícil volver atrás y soltar esas cosas que hoy no le permiten recuperar ese estado de gracia, ese ritmo lento y cadencioso del ser, y luego de observarlo y reconocerlo siente que nada puede cambiar, ya que el precio a pagar por esa decisión sería muy alto.
Pensando en esa necesidad nace el proyecto Aquidad, un lugar para salirse del tiempo y entrar en el presente a diario, con disciplinas y técnicas pensadas como puertas hacia ese estado en donde es posible la entrada en los ritmos del ser, un encuentro con uno mismo.
Se por la propia experiencia, que algunos minutos al día que dediquemos a la práctica de algunas de estas técnicas –que he señalado como técnicas antiguas para nuevos tiempos- tienen una enorme relación costo-beneficio comparado contra la cantidad de tiempo de estímulos hostiles que tenemos a diario.
Con el poder de sacarnos del tiempo veloz y despiadado, Aquidad nos adentra en un estado de estar aquí y ahora escencial, reconciliador y curativo.
Entre la imaginación y la memoria se escabulle el presente
No dejes…
Que la imaginación y la memoria te distraigan de “lo único” entre esos laberintos encontraras los restos de muchos que como tú no repararon en el detalle, estos dos ladrones te despojaran sin dudarlo de “lo único” que tienes.
Cuando…
Te debates entre el recuerdo de lo hecho y la imaginación de lo que viene pasas por alto una vez más que, el más preciado bien el de tu vida, se diluye junto a tu presente, un presente ausente y truncado de continuidad.
Entra…
De lleno en tus haceres a diario, entra en el presente aquí ya, para permitirle a los tiempos que ocupen su lugar.
Mira…
Hacia atrás para ver tus raíces hundirse en la tierra y comprender así de dónde vienes y quien eres.
Mira…
Hacia adelante para ver donde se pierde el camino por pisar, porque es por ahí que pasará tu vida.
Pero más que nada…
Entra en el segundo que transcurre, porque es “lo único” que significa la existencia y testimonia tu presencia.
No proyectar la realidad psíquicamente
Escucha con atención…
No proyectes tu realidad mentalmente, proyectar es pretender que las cosas o las gentes sean lo que tú quieres cuando tú quieres. El ego agazapado detrás de esta pretensión devora el festín de miles y se relame a diario, deshazte de ella, esta solo te acarreará frustración y descontento, las posibilidades de que tus proyecciones a diario se cumplan son mínimas.
Si tu felicidad…
Está dependiendo de tus proyecciones, te aseguro que serás feliz muy pocas veces, la felicidad verdadera solo es posible cuando no está atada a los vaivenes de la vida sino que se vivencia como un estado interno, independiente de los hechos.
Debes…
Ser feliz no estarlo.
Tórnate consciente…
De que tu única realidad transcurre en ese instante irrepetible en que te encuentras, y esa es nuestra única certeza, así que lo mejor sería que te relajes.
Deja…
Que el día entre en sus contenidos y te renueve la sorpresa, vive sus ritmos armoniosos sin pretender que sean a tu capricho, no olvides que pretender y merecer son dos cosas bien distintas.
Recuerda…
Nadie puede apresurar lo verdadero.
Entra…
En ese fluir del tiempo sincrónico donde las cosas son ni antes ni después, donde se proyecta sin esperar y se logra sin pretender.
El principio del cambio es aquí ahora
Debes saber…
El camino que lleva a otro destino está en este.
La posibilidad…
De una vida diferente esta oculta en las acciones de cada día.
Si quieres comprender…
Como llegaste hasta aquí, solo debes mirar hacia atrás y veras las razones, La vida parece ser una línea que va en una dirección con un comienzo y con un fin, pero tú decides donde te detienes y eliges otra.
Ten la certeza…
El principio del cambio es aquí y ahora, en el preciso segundo que lo reconozcas.
Te aseguro…
Que todos los caminos posibles están aquí ahora, pero solo es camino para ti el que pisas.
Si sientes dudas…
Al igual que en un cruce, de cuál es la dirección correcta, detente un momento y fíjate el rumbo que llevas, si caminas con los pies y no con la consciencia puede que estés yendo por inercia y no eligiendo.
Anibal Gómez (Sutul Naré)
Es conocido en las artes marciales, como en otras muchas tradiciones espirituales de todas partes y tiempos, la relación que existe -en este caso puntual- entre los maestros y sus espadas, que sostienen, encierran su espíritu y por esta razón no permiten que nadie las porte, y llegan al punto de romperlas antes de entregarlas, como forma de evitar que alguien más pueda poseer algo de ellos, de su energía.
Como en la prueba de fe invertida, uno decide en que cree primero para que después el milagro obre. De igual forma uno le confiere poder a las cosas -modelos de creencia u objetos- y después estos nos atrapan y nos limitan en nuestras propias creencias y posibilidades.
En lo profundo la mente se da forma a sí misma, y la mentira creída se comporta como si de la verdad se tratase, por esto es importante ordenar las ideas y pensar a que le conferimos poder.
Para uno es más fácil creer en el objeto que en uno mismo, por eso se puede aceptar fácilmente que algo tenga poder, en cambio creer que es uno el que lo tiene, se vuelve complicado y requiere de mayor compromiso.
En un nivel, la magia simpática -esa que mamá nos inculcó sin saber a la más tierna infancia- sigue vigente, cuando nos golpeábamos con una mesa y ella la castigaba diciendo a viva vos ‘’ mesa mala’’ y a nosotros se nos pasaba el llanto, de igual forma aceptamos convenciones o acuerdos, impuestos casi de la misma manera, lo único que cambia es la mamá y la edad de los niños. Algunas veces sencillamente elegimos creer en algo, y esta elección -que es nuestro más genuino derecho- puede fácilmente, al respecto del tema que nos toca, convertirse en una prisión invisible, pero inexpugnable.
Le conferimos poder a las cosas lo sepamos o no, y más tarde victimas de nuestra propia elección esas ‘’cosas’’ nos poseen a nosotros de formas tan sutiles como limitantes. Por eso es necesario liberarse de las creencias condicionadoras, trabajar el desapego consciente y sistemático de todas aquellas pertenencias físicas reales o intangibles y abstractas, liberar la energía atrapada en la creencia para liberarnos a nosotros de esta esclavitud ignorada, y viajar despojados y austeros hacia un estado de estar en libertad resignificado.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
En busca de respuestas
Creo que los hallazgos en el desarrollo espiritual devienen después de largo tiempo y son bien raros, y cuando me refiero a hallazgos, pienso en esos que lo cambian todo, que marcan un antes y un después, y dejan una huella imborrable para uno, y con un poco de suerte tal vez signifiquen algo para alguien más, cuando esto pasa se resignifica la existencia, se expande la consciencia y se aquieta el espíritu.
‘’Si tus interrogantes esenciales siguen sin responder, seguro que es porque buscaste la respuesta dentro tuyo’’
Incontables veces he escuchado decir que las respuestas están dentro de uno, y en rigor de verdad creo que son muy pocas las cosas que uno puede responderse que puedan considerarse un hallazgo. Tal vez porque lo escencial a comprender sea el hecho de que uno no es principio y fin de nada, y por esta razón uno solo se da contestaciones y no respuestas. Cuando uno hace este maravilloso hallazgo reconoce que siempre es ‘’Otro’’ el que nos da respuestas desde el significado, entendido este como sentido y dirección.
Cuando dejamos de ser principio y fin, y dejamos la pretensión de justificar la existencia desde nuestra existencia, descubrimos alegremente al ‘’otro’’ que desde su lugar nos da sentido, y así cada parte de nosotros encuentra respuesta en la dependencia equilibradora.
El hombre encuentra su sentido en la mujer y esta en el hombre, el padre en el hijo, el hermano en la hermana y así hasta el final, involucrando a cada criatura en los distintos reinos y respondiendo cada uno en un nivel y en un lenguaje. Como si fuese una onda que se propaga en un estanque, los otros nos dan sentido y nos vinculan, de manera que todos somos respuesta para alguien más.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
Trascender la técnica
Lo que está vivo es único, no solo como condición de ser, sino único de momento como condición de estar. Desde esta idea, cualquier actividad que uno realice de la que se espere cierto grado de arte, debe comprender que no se puede esperar que lo vivo, como forma de expresión este sujeto a la técnica, sino mas bien debería trascenderla.
En tal sentido la técnica, es un recurso y un momento en el arte de expresar lo vivo, que se renueva o se reinventa cada vez, y donde la técnica no puede por sí misma alcanzar el logro, cuando esto ocurre, hay artificio con pretensión de arte.
En ocasión de ver el último seminario de Sensei Hueshiva Morihei, fundador del Aikido, siendo este ya un hombre muy anciano, dio a mi entender una lección mal entendida por los allí presentes. En esa ocasión cada vez que ejecutaba una técnica preguntaba cómo se llamaba lo que estaba haciendo, como si no recordara el nombre de lo que él creó, y por lo bajo la gente rumoreaba que viejo está y cosas por el estilo. A mí se me ocurrió que tal vez, el brillo resplandeciente de sus ojos al mirar a los discípulos se debía a lo que decía sin palabras…estoy más allá de mi propia creación, porque lo que está vivo es único e irrepetible y ni siquiera puede ser nombrado, Cada vez que lo hago es nuevo, siendo así nunca antes lo hice.
Volviendo a la idea, creo sería bueno revisar el concepto de técnica, y pensar que, para nacer al arte sin artificio uno debe trascender la técnica, al menos la técnica sin intención y vacía de corazón.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
Como collages vivientes remendados, emparchados, nos paseamos por la vida haciendo gestos y adoptando posturas extrañas para que nadie lo note…pero lo cierto es, que estamos rotos.
Nuestra rotez nos avergüenza, por lo tanto la ocultamos desesperadamente, para que nadie la descubra y para que nosotros a fuerza de negarlo, terminemos por no verla. Acá empieza el punto en donde nos alejamos esencialmente de los otros, sobre todo de aquellos que están rotos en el mismo lugar que uno, y nos recuerdan con su sola presencia lo que no estamos integrando. Ni siquiera hablo de cambiar nada sencillamente de aceptar nuestra imperfección sin más pretensión que la de estar como uno está -al menos de momento- roto, ni más ni menos roto que otro, que cualquiera.
Si hiciéramos esto, aceptar nuestra rotez relajada y libremente, descubriríamos -lo puedo asegurar- una paz inusual, como una respiración profunda de esas que se hacen al suspirar y que inundan el ser de ánimos y frescura.
Si dejásemos de gastar tanta energía en tratar de ser lo que los demás quieren que seamos, o mejor aún, si tratásemos de dejar de ser eso que queremos ser para nosotros mismos y nunca, sin importar que hagamos llegamos a ser, el paso por nuestra vida sería liviano y pleno, sin necesidad de que nada de lo que está siendo hoy cambie.
La sencillez de este hecho no debe restarle valor a la idea, que tiene esta cualidad paradojal de ser simple y profunda. No restarle valor para no desperdiciar la oportunidad, y cuanto antes mejor de descubrirnos plácidamente rotos, sin que esto degrade la calidad de lo que somos, poder comprender que estamos rotos pero no somos rotos.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
El que nace a este mundo muere a lo que era, el que muere a este mundo nace a lo que debe ser, sin más tristeza que por la separación tomaba a la muerte como parte de la vida.
Llamaba a la vida la gran respiración, puesto que al nacer inhalamos y al morir exhalamos, y nombraba como vivir a todo lo que ocurría con cada una de las incontables respiraciones que quedaban en el medio.
Decía estar seguro de que la”gran respiración” Era solo una de las incontables respiraciones que quedaban en el medio entre el nacimiento y la muerte de una existencia aun mayor.
Pensaba que la vida y la muerte se parecían más de lo que uno se imaginaba ya que el que mira en una dirección pierde de vista la mitad del mundo que queda a su espalda.
Que la linealidad de las cosas había sido elegida para tranquilidad de los hombres por los propios hombres, y que todo lo que no era así, lineal, quedaba fuera de esta realidad tan conveniente y los acosaba como dudas existenciales en cada punto débil del sistema.
Aseguraba que estos puntos débiles del sistema eran los sitios donde se habían mutilado las ene dimensiones de la posibilidad y la existencia.
Creía que para tener una vida eterna había que cuidar de las muertes a diario, de esas que uno tiene con cada exhalación, y que uno debía preguntarse ¿si esta fuera la última de las incontables respiraciones a las que llamo vivir, estaría conforme con lo hecho lo dicho y lo sentido?
Por cuidar de las muertes a diario, no podía evitar vivir cada segundo como si fuera el último, ya que decía desde siempre que había dos cosas que nunca se perdonaría, no ser fiel a sí mismo y morir después de un pensamiento o acción mediocres.
Esto le confería una poderosa energía en cada acto, capaz de convertir lo más simple y cotidiano en una ofrenda a la vida, plena de significado y conciencia.
Aseguraba que quien vive sin la angustia y el temor a la muerte convierte a la más grande de las contradicciones en paradoja conciliada, y todo su ser se impregna de una serena calma, de la que él era fiel reflejo y a la que llamaba estado de aceptación.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
Cierta vez alguien me dijo ``Lo peor que te va a pasar ya te paso… vas a morir``
Con el tiempo he llagado a creer que ``Lo peor`` no es saber que uno va a morir, sino vivir como si uno no lo supiera.
Ignorar este hecho diariamente nos quita el tope de escala, nos deja sin una referencia donde proyectar los hechos del día, entonces ocurre que todos los sucesos terminan estando más o menos al mismo nivel, y uno puede ver así a algunas personas complicándose por cosas que de haber tenido en la esfera de lo consciente el hecho de que, vamos a morir, seguramente hubieran soltado la situación con mucha mas rapidez y livianamente.
En ningún momento sugiero la idea de ser conscientes de nuestra muerte a diario desde el lugar del lamento o desde la justificación, tampoco lo hago para poder sentir pena de si libremente, por el contrario, la aceptación del hecho inexorable sin autocompasión ni justificaciones para no hacer, nos deja en libertad para disfrutar del presente y nos da una perspectiva a escala y en valores que de otra forma se diluye fácilmente en el ritmo deshumanizante en el que vivimos hoy.
Lo cierto es que uno pierde el tiempo porque cree que tiene tiempo para perder, y mas tarde el que termina perdido en el tiempo es uno. Esto en ninguna forma es una invitación al hacer compulsivo, al no tomarse el tiempo con cada cosa, sino a entrar en la consciencia de ese tiempo único e irrepetible, tan fugaz como nosotros y nuestra maravillosa existencia.
Aníbal Gómez (Sutùl Narè)
El poder de una imagen
Si tan solo sospecháramos del poder que tiene en cualquiera de nosotros una imagen, sea cual sea esta, cuidaríamos celosamente de exponernos a ellas sin mediar algún tipo de cuidado, como forma de preservarnos del daño, o mínimamente de la influencia que pueden tener en nosotros.
Sea visual o auditiva, la imagen tiene la capacidad de generar estados químicos y anímicos que operan por sí mismos y de los cuales generalmente, no tenemos consciencia ni control. Una sola imagen puede disparar sensaciones, humores, cambios en el tono muscular, aumento o disminución del ritmo cardiaco, patologías que se hallaban estado larvado, cambios en el ritmo respiratorio y toda suerte de procesos más. Ahora acompáñenme con la imaginación y pregúntense cuantos beneficios podrían obtenerse del uso consciente de la imagen, dirigidas y puestas al servicio del bienestar y no en su contra.
Por esto sería muy bueno, por un lado filtrar las imágenes que nos llegan a diario, al menos las que dependen de nuestras elecciones, y por otro elegir alguna imagen que tenga la capacidad de disparar esas emociones y estados que estamos necesitando.
Bien sabido es en estos tiempos el riesgo de una mala alimentación, pero en esta idea de alimentos no se incluyen las impresiones, que son capaces, al igual que comida de mala calidad, de intoxicarnos o al menos generarnos algún malestar.
Para bien o para mal, las imágenes tienen un poder real, y de una profundidad que no iguala ninguna tecnología médica.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
Para la mayoría de las personas que conozco, la meditación es una práctica que encierra secretos inaccesibles, y técnicas complejas que requieren de una maestría solo posible de alcanzar con años de dedicación, cambios de hábitos físicos, dolorosas e incomodas posiciones sin las cuales sería imposible lograr tal o cual estado, y en algunos casos más, hasta la idea de dogmas estrictos y excluyentes.
Y si bien esta idea se apoya en la información que nos ha llegado, esto de ninguna manera es el único camino para explorar en los terrenos de la meditación y sus beneficios.
Sea que uno elija una postura estática o una forma de meditación en movimiento, sea que se persiga la ausencia total de pensamiento o el control del stress, la meditación al igual que la mayoría de las cosas es más una intención que una técnica.
Si bien es cierto que en las condiciones ideales -de tiempo y de lugar- la práctica de la meditación puede convertirse en una disciplina en sí misma, no es requerimiento excluyente el que dichas condiciones no se den para poder observar la práctica de la meditación como forma de indagación y esclarecimiento cotidiano, por el contrario, en estos momentos del mundo, y con el ritmo deshumanizante que la vida nos plantea para poder estar a la altura de las necesidades, es más imperioso que nunca encontrar las herramientas –cuanto más sencillas mejor- para poder detener la vorágine diaria y crear espacios, como pequeños pasajes por donde cruzar a otras realidades, con tiempos saludables y cadencias de existencias sencillas y relajadas.
Las distintas realidades que existen en nuestro interior se reflejan en el espejo del mundo, y estos reflejos pueden ser esclarecidos y revelados a través de la analogía y la metáfora, con solo el mirar correcto y la pregunta activa.
Profundizando en la pregunta y convirtiéndola en vía de conocimiento podemos acercarnos a una meditación reveladora de contenidos y momentos.
Si tomamos cualquier situación cotidiana, podemos abrir estos pasajes a través de las analogías que pueden surgir de cada hecho, y haciendo una extrapolación, ocupar distintos roles dentro de la escena, y en cada uno de estos roles podemos descubrir infinitos caminos hacia nuestras realidades. Valerse de la pregunta desde los diferentes lugares de la escena, y encontrar en la respuesta y en la propia analogía, metáforas de la existencia, realidades internas reflejadas en el espejo del mundo.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
‘’De los maestros y discípulos’’
-Maestros hay muchos, lo que falta son buenos discípulos, dijo con voz enérgica el guía dando inicio de esa manera a la nueva jornada.
La mañana había transcurrido entre algunas prácticas psicofísicas y los trabajos en la granja, como era común en esa época del año, y era la primera vez que hablaba con nosotros a pesar de haber compartido las tareas a la par nuestra. El comentario hirió algunas susceptibilidades, y era claro, conociéndolo, que eso esperaba, y conociendo la intensidad con la que se dedicaba a nosotros sabíamos que este comentario era el principio de lo que más tarde se convertiría en la columna vertebral del día. El anzuelo había sido echado y algunos peces empezaban a morder.
-Pero maestro ¿cómo dice esto? protestó uno de los presentes. Si no hay nada mas difícil que dar con uno, y como si esto no fuera suficiente inconveniente, que lo acepten a uno como discípulo es una tarea tan difícil que ocupa capítulos en la historia del conocimiento.
El guía, que se hallaba sentado en el piso, contestó al muchacho que hablaba por varios de los que allí estábamos.
-Que el día de hoy nos sirva para comprender que es tan importante aprender como cuestionar saludablemente eso que se aprendió ¿estamos dispuestos el día de hoy, recalcó, a comprender que maestro y discípulo son sólo cualidades y momentos circunstanciales en el tiempo en relación a las actitudes que uno tiene frente a las cosas? ¿no es acaso el discípulo una intención, así como lo es también el maestro?
¿No sería bueno terminar de una buena vez con la actitud del niño que se prende a la teta, asumiendo que es lo único que puede hacer, y empezar a tener una actitud activa ante la enseñanza?
Ser discípulo es una cualidad tal que convierte a la vida y sus sucesos en un maestro accesible y de tiempo completo, y es solo cuestión de tiempo que lo aprendido se haga carne y los roles cambien.
Lograr la cualidad del discípulo es más importante que encontrar un maestro, porque se puede hallar al guía pero sin esta cualidad no habrá progreso.
Cuando se habla de conocimiento, se habla de libertad, ¿pero qué clase de libertad hay en la dependencia permanente del aprendiz pasivo?
Uno de los jóvenes le preguntó:
- ¿Entonces qué nos enseñas?
A lo que él respondió:
-No es que, sino como.
Cada uno de nosotros puede seguir esperando a que se nos dé o puede ir por lo que es por derecho. En este tiempo debemos comprender el como, con más urgencia que cualquier otra cosa, porque de nada servirá la información si no sabemos como convertirla en conocimiento.
El guía se giró hacia el parque y señalando el bosque preguntó:
- ¿Que ven allí?, nos acercamos en torno a él y nos llamó la atención acerca de unas hojas que se arremolinaban con el viento, -¿qué ven? preguntó insistentemente.
Y alguien respondió:
-Veo unas hojas volando con el viento.
A lo que el maestro agregó:
- Ese es el punto. Algo puede ser muy simple, y a la mirada de quien espera que todo le sea dado no habrá nada más por ver que el simple hecho, unas hojas volando con el viento. ¿Pero cómo cambia esto ante la mirada de aquel que se sumerge con intención en lo profundo de las cosas, y para el que todo se convierte en un maestro?
Entonces un hombre de esta naturaleza al ver este simple hecho podría preguntarse ¿ésta hoja vuela en brazos del viento y conoce un mundo, pero es la voluntad del viento o la de la hoja? ¿Acaso yo seré como esta hoja, que creo que hago, cuando en realidad sucedo? es tal vez que el destino del hombre sea el de ser sólo una hoja en el viento?
Entonces este hombre podría también preguntarse ¿y si dejase de ser la hoja y fuera el viento, qué clase de viento sería, sería un viento sin sentido, soplando ahora en una dirección ahora en otra, o sería capaz de arremolinar las hojas en torno de mí para guiarlas a un destino mejor?
Más allá, continuó el guía, el sol del verano quema una parte del prado y se ha de lamentar algunas pérdidas, aunque es cuestión de tiempo que éste se renueve ¿Pero qué ve éste hombre?
En la laguna un pájaro cae en picada sobre un pez que nadaba en lo profundo, ¿Pero qué ve este hombre?
En otro momento la nieve se acumula sobre la rama de los pinos, pero cuando estos ya no la pueden soportar arquean sus ramas y se liberan del peso, renovando su capacidad, ¿pero qué ve este hombre?
Cuando cambiamos la forma de mirar, y lo que nos rodea se convierte en maestro, lo simple se profundiza y se re-signan los hechos y sus valores.
Ahora que las hojas caen y el viento sopla,
Ahora que el sol quema y el prado se renueva,
Ahora que el pájaro pesca en lo profundo,
Ahora que la nieve cae y los pinos ceden,
¿Qué clase de hombres queremos ser?
¿Cómo vamos a ver?
El guía caminó unos pasos y antes de alejarse definitivamente del grupo repitió:
-Maestros hay muchos, lo que faltan son buenos discípulos.
Anibal Gómez “Sutúl Naré”
Las primeras hojas víctimas del otoño descansan en las veredas, le seguirán las otras hasta que ya no quede ninguna en la rama. Como pocas, esta estación es puente entre el calor del verano que invita a la exteriorización de los sentidos y la dispersión, y el frío del invierno que tiende a sumergirnos en la más profunda de las introspecciones. La naturaleza poco generosa en cantidad en esta ciudad, no lo es en analogías de la existencia y reflejos de los momentos de cada uno de los que recorren sus calles, y pueden, de mediar una actitud de indagación, descubrir muy fácilmente como el otoño nos propone una dirección en el trabajo interno.
Este trabajo interno plantea entre otras cosas la posibilidad de cambios y mejoras en las trabas cotidianas, y nos aporta herramientas que facilitan la tarea de observarnos, y esclarecernos. Comprendiendo que sin esta observación y este esclarecimiento conscientes, difícilmente algo se modifique.
Planteado así, sería muy bueno…
Acompañar los ritmos del año, encontrando la resonancia simpática del momento a través de una mirada interrogativa, verse en la hoja y el árbol, y aprender a preguntarse por el estado propio.
Que se desnude la rama, que quede a la vista el argumento, poder lucir despreocupados el tronco con sus imperfecciones, tener una mirada interna que sea como una savia yendo hacia el centro y bajando a la raíz para afirmar la presencia del ser en un estado de claridad y pura consciencia.
Asumir lo impermanente, lo perecedero con la alegría de lo que se renueva. Observar las formas y los contenidos y poder soltar todo lo que no sea escencial, desapegarse amorosamente de lo hecho sin tomarse más tiempo que el que tarda una hoja en caer o el viento en llevársela.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
De pequeño trató de entender como era posible que los demás no vieran los increíbles mundos que descubría en las más pequeñas cosas. Un infinito universo microscópico aparecía por doquier ante sus pequeños ojos, que se acercaban más y más y conseguían ver un planeta en un grano de arena y un océano en una gota de agua.
Con los mismos pequeños ojos veía hacia arriba para encontrar en ocasiones a esos gigantes que movían la cabeza de un lado a otro, riéndose y diciendo que no podía ser .Pero él seguía acercándose tanto a las cosas que todo lo demás terminaba por desaparecer, incluso algunas veces él mismo desaparecía haciéndose uno con el todo, y viajaba así a dimensiones ocultas para los gigantes, que a pesar de todo se las ingeniaban para hallarlo volando en las alas de una libélula o durmiendo la siesta bajo una brizna de pasto.
Esto no lo preocupaba demasiado porque sabía que podía escapar cuando quisiera por cualquier rendija, sabiendo que el mundo de los gigantes estaba lleno de agujeros que no sabían como tapar, o tal vez era que los gigantes veían todo así por su tamaño, por estar muy lejos de las cosas, y fue así que se le ocurrió que si se acercaban o mejor si se arrodillaban, tal vez iban a descubrir la verdadera dimensión de estas.
Una mañana al levantarse la sorpresa lo mareo igual que la distancia que lo separaba de su mundo, él mismo se había convertido en un gigante, y el nuevo mundo que ahora percibía lo llevaría lejos por caminos de aventuras, de promesas y de olvidos.
Para cuando regresó todo estaba muy cambiado, tan cambiado, de sus planetas de arena solo quedó el polvo,
De sus océanos en gotas se evaporó toda la vida,
Y ni siquiera los gigantes a los que terminó por amar se encontraban ahí, solo su mundo lleno de agujeros por los cuales ya no podía escapar.
De grande trató de entender como era posible que él no viera, y recordó que a lo mejor los gigantes veían todo así por su tamaño, por estar muy lejos de las cosas, y que si se acercaba, o mejor si se arrodillaba, tal vez iba a descubrir la verdadera dimensión de estas.
Entonces fue así que descubrió todos sus agujeros, pudo volver a viajar en las alas de una libélula y algunas veces, solo algunas veces cuando se hallaba muy cansado se tendía a dormir una reparadora siesta bajo una brizna de pasto.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)
Salí a correr como casi todas las noches desde hace meses, y por alguna razón vino a mí el recuerdo de cuando siendo un niño salía a la calle en el barrio donde vivía y por gusto, y solo por gusto corría a toda velocidad, hasta donde se me ocurriera cada vez. El recuerdo se hizo sensación en el presente, y esa sensación de no perseguir ninguna meta de hacerlo porque si, fue realmente refrescante, se me alargó el paso, se me alivianó el peso, y pronto sentí el viento en la cara producto de la velocidad que llevaba, la sensación, ahora física, me instaló una sonrisa en el rostro que hasta entonces tenía el gesto del ‘’tener que’’.
Desde entonces veo la necesidad de volver a esos lugares, a crear espacios en el día, que nos saquen del ritmo que traemos, como pequeñas rendijas por las que espiar a otras realidades. Darnos permiso para que algo diferente pueda ser, recuperar esa capacidad perdida, olvidada en algún desván de la memoria, entre las cosas de ser niño que uno supo tener. Dirigir la intención hacia esa habilidad de transformar escalas, dimensiones y tiempos, y así dejar que una brisa renovada nos oxigene las ganas.
Esta posibilidad de salirnos de a ratos del tiempo y el pulso del día, nos abre un juego que es herramienta prodigiosa y auxilio cotidiano.
Estas cualidades del ‘’niño’’ deben ser exploradas desde nuestro lugar como una habilidad para salirse del tiempo cíclico y entrar así en el tiempo sincrónico, el tiempo verdadero.
Evocar, no por la imitación, sino apelando a los distintos cursos de memorias, esos recuerdos que han dejado una huella imborrable en nuestro ser, esos momentos en los que nos sumergíamos en mundos mágicos, y nos convertíamos. Esta evocación puede tener el poder de activar esas memorias y permitirnos recrear ese sabor en las situaciones que elijamos, y transportarnos instantáneamente a estados de ser y estar, tan complejos y completos que incluyen lo celular y lo químico.
La evocación de estas memorias no debe estar dirigida a copiar las acciones en sus contenidos sino más bien al proceso, que puede fácilmente ser adaptado a nuestra situación actual.
La contradicción nos impide avanzar en nuestra evolución personal, y sostenida en el tiempo termina por enfermarnos, así como la coherencia es cohesión, la contradicción es dispersión, y esta dispersión afecta al ser en su totalidad desde la psique hasta la célula.
Son los actos de unidad los que remedian esto, tener actos unitivos -como acciones claramente coherentes- armoniza la acción y la conciencia y nos da cohesión interna. Y es en esta cohesión, como fuerza que reintegra que descansa la unidad del ser y su equilibrio.
Cuando acción y conciencia son una, la contradicción es liberada y sus efectos disociativos desaparecen.
Habiendo entrado en el estado de aceptación y percibido la unidad inmanente de todas las cosas.
Habiendo liberado la contradicción y sus antagonismos,
Habiendo comprendido la necesidad de los actos unitivos y armonizado así, la acción con la conciencia, la vida se esclarece y esta se torna relajada y fluida.
Con esta nueva dirección en la actitud, los sucesos y las cosas dejan de estar aislados, se puede percibir como infinitos hilos unen a la totalidad y a uno con ella.
La percepción fragmentada empieza a quedar al descubierto y se sospecha una ilusión de la mente a través de los sentidos, uno empieza a sentirse –como un hecho- ligado a un todo coherente.
Esto es tan así que, aunque se vea con los ojos de la física moderna o de la mística antigua, las conclusiones son las mismas.
El universo del que somos parte esta tan ligado que hasta el aleteo de una mariposa es sentido por el resto. Solo el hombre con su miopía no ve más allá de su pequeño mundo y se piensa separado del resto.
Este estado de unidad inmanente resignifica la existencia y la visión que se tiene de ella.
Como consecuencia de este nuevo significado la conciencia se expande y se tranquiliza el alma.
Anibal Gómez Sutúl NaréSalí a caminar por las calles de esta gran ciudad y no encontré ninguna ermita de paja donde meditar, ninguna cumbre nevada que escalar para sentir mi propia insignificancia.
Caminé por horas y no hallé lugar en silencio que me permitiera escucharme, caminé hasta que se hizo de noche, pero no oscureció, las luces de mercurio lo alumbraban todo constantemente y no me permitían sentir el ritmo de la naturaleza reflejado en los momentos del día. Y fue así que me perdí, me perdí en los lugares comunes, no porque no encontrara como volver, sino porque no sabía cómo había llegado hasta allí.
Trate de respirar profundo hacia abajo, hacia la raíz para reencontrarme, pero el humo de los escapes de los autos ocupaba tanto del oxígeno que tuve temor de respirar hasta el final, consciente del daño.
Quise enraizar mi posición, sintiendo como mi energía se hacía una con la de la tierra a través de mis pies, pero no había tierra cerca, solo un río de cemento continuo, inalterable, estático.
Me perdí en la ciudad, contagiado del ritmo caprichoso y artificial, embriagado por la ausencia de lo escencial.
Lo cotidiano, urbano y poco amigable se hacía sentir y lo único que quedaba al descubierto era la propia necesidad de encontrar las herramientas, la disciplina o lo que fuese necesario para lograr la armonía que de ninguna forma tiene que venir desde fuera.
Así comprendí…
Que la ermita es un lugar en lo profundo de la mente, y que puede convertirse la acción diaria en meditación activa.
Que la cumbre que se asciende es la consciencia de ser, y es descubrirnos en ella, la que nos da la escala de nuestra insignificancia.
Que el silencio, no es la ausencia de ruido, si no la ausencia de diálogo interno torturante.
Y también descubrí…
Que los ritmos del día se pueden hallar dentro, en la respiración y el movimiento tan solo dedicándoles un poco de observación.
Que solo está perdido el que no se busca.
Por esto es necesario crear…
Un compromiso a diario con la propia realidad.
Una intención de no dejarse arrastrar por la demencia colectiva.
Es necesario que nos salgamos del tiempo por un momento en el día, que dejemos de pertenecer al mundo para estar en él solamente, que recurramos a tanta herramienta, recurso y conocimiento que nos llega desde siempre.
Aníbal Gómez (Sutúl Naré)