UN ESPACIO PARA COMPARTIR EL PENSAMIENTO Y GENERAR VINCULOS DESDE LA REFLEXION ACTIVA A TRAVES DE LA LECTURA DE TEXTOS DEL AUTOR Y SUS IDEAS.

lunes, 26 de mayo de 2008

Editorial ''trascender la técnica''

Trascender la técnica

Lo que está vivo es único, no solo como condición de ser, sino único de momento como condición de estar. Desde esta idea, cualquier actividad que uno realice de la que se espere cierto grado de arte, debe comprender que no se puede esperar que lo vivo, como forma de expresión este sujeto a la técnica, sino mas bien debería trascenderla.

En tal sentido la técnica, es un recurso y un momento en el arte de expresar lo vivo, que se renueva o se reinventa cada vez, y donde la técnica no puede por sí misma alcanzar el logro, cuando esto ocurre, hay artificio con pretensión de arte.

En ocasión de ver el último seminario de Sensei Hueshiva Morihei, fundador del Aikido, siendo este ya un hombre muy anciano, dio a mi entender una lección mal entendida por los allí presentes. En esa ocasión cada vez que ejecutaba una técnica preguntaba cómo se llamaba lo que estaba haciendo, como si no recordara el nombre de lo que él creó, y por lo bajo la gente rumoreaba que viejo está y cosas por el estilo. A mí se me ocurrió que tal vez, el brillo resplandeciente de sus ojos al mirar a los discípulos se debía a lo que decía sin palabras…estoy más allá de mi propia creación, porque lo que está vivo es único e irrepetible y ni siquiera puede ser nombrado, Cada vez que lo hago es nuevo, siendo así nunca antes lo hice.

Volviendo a la idea, creo sería bueno revisar el concepto de técnica, y pensar que, para nacer al arte sin artificio uno debe trascender la técnica, al menos la técnica sin intención y vacía de corazón.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

lunes, 19 de mayo de 2008

Editorial ''De la propia rotez''

Como collages vivientes remendados, emparchados, nos paseamos por la vida haciendo gestos y adoptando posturas extrañas para que nadie lo note…pero lo cierto es, que estamos rotos.

Nuestra rotez nos avergüenza, por lo tanto la ocultamos desesperadamente, para que nadie la descubra y para que nosotros a fuerza de negarlo, terminemos por no verla. Acá empieza el punto en donde nos alejamos esencialmente de los otros, sobre todo de aquellos que están rotos en el mismo lugar que uno, y nos recuerdan con su sola presencia lo que no estamos integrando. Ni siquiera hablo de cambiar nada sencillamente de aceptar nuestra imperfección sin más pretensión que la de estar como uno está -al menos de momento- roto, ni más ni menos roto que otro, que cualquiera.

Si hiciéramos esto, aceptar nuestra rotez relajada y libremente, descubriríamos -lo puedo asegurar- una paz inusual, como una respiración profunda de esas que se hacen al suspirar y que inundan el ser de ánimos y frescura.

Si dejásemos de gastar tanta energía en tratar de ser lo que los demás quieren que seamos, o mejor aún, si tratásemos de dejar de ser eso que queremos ser para nosotros mismos y nunca, sin importar que hagamos llegamos a ser, el paso por nuestra vida sería liviano y pleno, sin necesidad de que nada de lo que está siendo hoy cambie.

La sencillez de este hecho no debe restarle valor a la idea, que tiene esta cualidad paradojal de ser simple y profunda. No restarle valor para no desperdiciar la oportunidad, y cuanto antes mejor de descubrirnos plácidamente rotos, sin que esto degrade la calidad de lo que somos, poder comprender que estamos rotos pero no somos rotos.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

viernes, 16 de mayo de 2008

Relato ''Pequeño ensayo sobre la vida y la muerte''

El que nace a este mundo muere a lo que era, el que muere a este mundo nace a lo que debe ser, sin más tristeza que por la separación tomaba a la muerte como parte de la vida.

Llamaba a la vida la gran respiración, puesto que al nacer inhalamos y al morir exhalamos, y nombraba como vivir a todo lo que ocurría con cada una de las incontables respiraciones que quedaban en el medio.

Decía estar seguro de que la”gran respiración” Era solo una de las incontables respiraciones que quedaban en el medio entre el nacimiento y la muerte de una existencia aun mayor.

Pensaba que la vida y la muerte se parecían más de lo que uno se imaginaba ya que el que mira en una dirección pierde de vista la mitad del mundo que queda a su espalda.

Que la linealidad de las cosas había sido elegida para tranquilidad de los hombres por los propios hombres, y que todo lo que no era así, lineal, quedaba fuera de esta realidad tan conveniente y los acosaba como dudas existenciales en cada punto débil del sistema.

Aseguraba que estos puntos débiles del sistema eran los sitios donde se habían mutilado las ene dimensiones de la posibilidad y la existencia.

Creía que para tener una vida eterna había que cuidar de las muertes a diario, de esas que uno tiene con cada exhalación, y que uno debía preguntarse ¿si esta fuera la última de las incontables respiraciones a las que llamo vivir, estaría conforme con lo hecho lo dicho y lo sentido?

Por cuidar de las muertes a diario, no podía evitar vivir cada segundo como si fuera el último, ya que decía desde siempre que había dos cosas que nunca se perdonaría, no ser fiel a sí mismo y morir después de un pensamiento o acción mediocres.

Esto le confería una poderosa energía en cada acto, capaz de convertir lo más simple y cotidiano en una ofrenda a la vida, plena de significado y conciencia.

Aseguraba que quien vive sin la angustia y el temor a la muerte convierte a la más grande de las contradicciones en paradoja conciliada, y todo su ser se impregna de una serena calma, de la que él era fiel reflejo y a la que llamaba estado de aceptación.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

viernes, 9 de mayo de 2008

Editorial ''Un buen día para morir''

Cierta vez alguien me dijo ``Lo peor que te va a pasar ya te paso… vas a morir``

Con el tiempo he llagado a creer que ``Lo peor`` no es saber que uno va a morir, sino vivir como si uno no lo supiera.

Ignorar este hecho diariamente nos quita el tope de escala, nos deja sin una referencia donde proyectar los hechos del día, entonces ocurre que todos los sucesos terminan estando más o menos al mismo nivel, y uno puede ver así a algunas personas complicándose por cosas que de haber tenido en la esfera de lo consciente el hecho de que, vamos a morir, seguramente hubieran soltado la situación con mucha mas rapidez y livianamente.

En ningún momento sugiero la idea de ser conscientes de nuestra muerte a diario desde el lugar del lamento o desde la justificación, tampoco lo hago para poder sentir pena de si libremente, por el contrario, la aceptación del hecho inexorable sin autocompasión ni justificaciones para no hacer, nos deja en libertad para disfrutar del presente y nos da una perspectiva a escala y en valores que de otra forma se diluye fácilmente en el ritmo deshumanizante en el que vivimos hoy.

Lo cierto es que uno pierde el tiempo porque cree que tiene tiempo para perder, y mas tarde el que termina perdido en el tiempo es uno. Esto en ninguna forma es una invitación al hacer compulsivo, al no tomarse el tiempo con cada cosa, sino a entrar en la consciencia de ese tiempo único e irrepetible, tan fugaz como nosotros y nuestra maravillosa existencia.

Aníbal Gómez (Sutùl Narè)

martes, 6 de mayo de 2008

Editorial ''El poder de una imagen''

El poder de una imagen

Si tan solo sospecháramos del poder que tiene en cualquiera de nosotros una imagen, sea cual sea esta, cuidaríamos celosamente de exponernos a ellas sin mediar algún tipo de cuidado, como forma de preservarnos del daño, o mínimamente de la influencia que pueden tener en nosotros.

Sea visual o auditiva, la imagen tiene la capacidad de generar estados químicos y anímicos que operan por sí mismos y de los cuales generalmente, no tenemos consciencia ni control. Una sola imagen puede disparar sensaciones, humores, cambios en el tono muscular, aumento o disminución del ritmo cardiaco, patologías que se hallaban estado larvado, cambios en el ritmo respiratorio y toda suerte de procesos más. Ahora acompáñenme con la imaginación y pregúntense cuantos beneficios podrían obtenerse del uso consciente de la imagen, dirigidas y puestas al servicio del bienestar y no en su contra.

Por esto sería muy bueno, por un lado filtrar las imágenes que nos llegan a diario, al menos las que dependen de nuestras elecciones, y por otro elegir alguna imagen que tenga la capacidad de disparar esas emociones y estados que estamos necesitando.

Bien sabido es en estos tiempos el riesgo de una mala alimentación, pero en esta idea de alimentos no se incluyen las impresiones, que son capaces, al igual que comida de mala calidad, de intoxicarnos o al menos generarnos algún malestar.

Para bien o para mal, las imágenes tienen un poder real, y de una profundidad que no iguala ninguna tecnología médica.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

domingo, 27 de abril de 2008

Editorial "Actitud meditativa''

Para la mayoría de las personas que conozco, la meditación es una práctica que encierra secretos inaccesibles, y técnicas complejas que requieren de una maestría solo posible de alcanzar con años de dedicación, cambios de hábitos físicos, dolorosas e incomodas posiciones sin las cuales sería imposible lograr tal o cual estado, y en algunos casos más, hasta la idea de dogmas estrictos y excluyentes.

Y si bien esta idea se apoya en la información que nos ha llegado, esto de ninguna manera es el único camino para explorar en los terrenos de la meditación y sus beneficios.

Sea que uno elija una postura estática o una forma de meditación en movimiento, sea que se persiga la ausencia total de pensamiento o el control del stress, la meditación al igual que la mayoría de las cosas es más una intención que una técnica.

Si bien es cierto que en las condiciones ideales -de tiempo y de lugar- la práctica de la meditación puede convertirse en una disciplina en sí misma, no es requerimiento excluyente el que dichas condiciones no se den para poder observar la práctica de la meditación como forma de indagación y esclarecimiento cotidiano, por el contrario, en estos momentos del mundo, y con el ritmo deshumanizante que la vida nos plantea para poder estar a la altura de las necesidades, es más imperioso que nunca encontrar las herramientas –cuanto más sencillas mejor- para poder detener la vorágine diaria y crear espacios, como pequeños pasajes por donde cruzar a otras realidades, con tiempos saludables y cadencias de existencias sencillas y relajadas.

Las distintas realidades que existen en nuestro interior se reflejan en el espejo del mundo, y estos reflejos pueden ser esclarecidos y revelados a través de la analogía y la metáfora, con solo el mirar correcto y la pregunta activa.

Profundizando en la pregunta y convirtiéndola en vía de conocimiento podemos acercarnos a una meditación reveladora de contenidos y momentos.

Si tomamos cualquier situación cotidiana, podemos abrir estos pasajes a través de las analogías que pueden surgir de cada hecho, y haciendo una extrapolación, ocupar distintos roles dentro de la escena, y en cada uno de estos roles podemos descubrir infinitos caminos hacia nuestras realidades. Valerse de la pregunta desde los diferentes lugares de la escena, y encontrar en la respuesta y en la propia analogía, metáforas de la existencia, realidades internas reflejadas en el espejo del mundo.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

jueves, 24 de abril de 2008

Encuentros con el guía

‘’De los maestros y discípulos’’

-Maestros hay muchos, lo que falta son buenos discípulos, dijo con voz enérgica el guía dando inicio de esa manera a la nueva jornada.

La mañana había transcurrido entre algunas prácticas psicofísicas y los trabajos en la granja, como era común en esa época del año, y era la primera vez que hablaba con nosotros a pesar de haber compartido las tareas a la par nuestra. El comentario hirió algunas susceptibilidades, y era claro, conociéndolo, que eso esperaba, y conociendo la intensidad con la que se dedicaba a nosotros sabíamos que este comentario era el principio de lo que más tarde se convertiría en la columna vertebral del día. El anzuelo había sido echado y algunos peces empezaban a morder.

-Pero maestro ¿cómo dice esto? protestó uno de los presentes. Si no hay nada mas difícil que dar con uno, y como si esto no fuera suficiente inconveniente, que lo acepten a uno como discípulo es una tarea tan difícil que ocupa capítulos en la historia del conocimiento.

El guía, que se hallaba sentado en el piso, contestó al muchacho que hablaba por varios de los que allí estábamos.

-Que el día de hoy nos sirva para comprender que es tan importante aprender como cuestionar saludablemente eso que se aprendió ¿estamos dispuestos el día de hoy, recalcó, a comprender que maestro y discípulo son sólo cualidades y momentos circunstanciales en el tiempo en relación a las actitudes que uno tiene frente a las cosas? ¿no es acaso el discípulo una intención, así como lo es también el maestro?

¿No sería bueno terminar de una buena vez con la actitud del niño que se prende a la teta, asumiendo que es lo único que puede hacer, y empezar a tener una actitud activa ante la enseñanza?

Ser discípulo es una cualidad tal que convierte a la vida y sus sucesos en un maestro accesible y de tiempo completo, y es solo cuestión de tiempo que lo aprendido se haga carne y los roles cambien.

Lograr la cualidad del discípulo es más importante que encontrar un maestro, porque se puede hallar al guía pero sin esta cualidad no habrá progreso.

Cuando se habla de conocimiento, se habla de libertad, ¿pero qué clase de libertad hay en la dependencia permanente del aprendiz pasivo?

Uno de los jóvenes le preguntó:

- ¿Entonces qué nos enseñas?

A lo que él respondió:

-No es que, sino como.

Cada uno de nosotros puede seguir esperando a que se nos dé o puede ir por lo que es por derecho. En este tiempo debemos comprender el como, con más urgencia que cualquier otra cosa, porque de nada servirá la información si no sabemos como convertirla en conocimiento.

El guía se giró hacia el parque y señalando el bosque preguntó:

- ¿Que ven allí?, nos acercamos en torno a él y nos llamó la atención acerca de unas hojas que se arremolinaban con el viento, -¿qué ven? preguntó insistentemente.

Y alguien respondió:

-Veo unas hojas volando con el viento.

A lo que el maestro agregó:

- Ese es el punto. Algo puede ser muy simple, y a la mirada de quien espera que todo le sea dado no habrá nada más por ver que el simple hecho, unas hojas volando con el viento. ¿Pero cómo cambia esto ante la mirada de aquel que se sumerge con intención en lo profundo de las cosas, y para el que todo se convierte en un maestro?

Entonces un hombre de esta naturaleza al ver este simple hecho podría preguntarse ¿ésta hoja vuela en brazos del viento y conoce un mundo, pero es la voluntad del viento o la de la hoja? ¿Acaso yo seré como esta hoja, que creo que hago, cuando en realidad sucedo? es tal vez que el destino del hombre sea el de ser sólo una hoja en el viento?

Entonces este hombre podría también preguntarse ¿y si dejase de ser la hoja y fuera el viento, qué clase de viento sería, sería un viento sin sentido, soplando ahora en una dirección ahora en otra, o sería capaz de arremolinar las hojas en torno de mí para guiarlas a un destino mejor?

Más allá, continuó el guía, el sol del verano quema una parte del prado y se ha de lamentar algunas pérdidas, aunque es cuestión de tiempo que éste se renueve ¿Pero qué ve éste hombre?

En la laguna un pájaro cae en picada sobre un pez que nadaba en lo profundo, ¿Pero qué ve este hombre?

En otro momento la nieve se acumula sobre la rama de los pinos, pero cuando estos ya no la pueden soportar arquean sus ramas y se liberan del peso, renovando su capacidad, ¿pero qué ve este hombre?

Cuando cambiamos la forma de mirar, y lo que nos rodea se convierte en maestro, lo simple se profundiza y se re-signan los hechos y sus valores.

Ahora que las hojas caen y el viento sopla,

Ahora que el sol quema y el prado se renueva,

Ahora que el pájaro pesca en lo profundo,

Ahora que la nieve cae y los pinos ceden,

¿Qué clase de hombres queremos ser?

¿Cómo vamos a ver?

El guía caminó unos pasos y antes de alejarse definitivamente del grupo repitió:

-Maestros hay muchos, lo que faltan son buenos discípulos.

Anibal Gómez “Sutúl Naré”

sábado, 19 de abril de 2008

Editorial "Mirada Natural"

Las primeras hojas víctimas del otoño descansan en las veredas, le seguirán las otras hasta que ya no quede ninguna en la rama. Como pocas, esta estación es puente entre el calor del verano que invita a la exteriorización de los sentidos y la dispersión, y el frío del invierno que tiende a sumergirnos en la más profunda de las introspecciones. La naturaleza poco generosa en cantidad en esta ciudad, no lo es en analogías de la existencia y reflejos de los momentos de cada uno de los que recorren sus calles, y pueden, de mediar una actitud de indagación, descubrir muy fácilmente como el otoño nos propone una dirección en el trabajo interno.

Este trabajo interno plantea entre otras cosas la posibilidad de cambios y mejoras en las trabas cotidianas, y nos aporta herramientas que facilitan la tarea de observarnos, y esclarecernos. Comprendiendo que sin esta observación y este esclarecimiento conscientes, difícilmente algo se modifique.

Planteado así, sería muy bueno…

Acompañar los ritmos del año, encontrando la resonancia simpática del momento a través de una mirada interrogativa, verse en la hoja y el árbol, y aprender a preguntarse por el estado propio.

Que se desnude la rama, que quede a la vista el argumento, poder lucir despreocupados el tronco con sus imperfecciones, tener una mirada interna que sea como una savia yendo hacia el centro y bajando a la raíz para afirmar la presencia del ser en un estado de claridad y pura consciencia.

Asumir lo impermanente, lo perecedero con la alegría de lo que se renueva. Observar las formas y los contenidos y poder soltar todo lo que no sea escencial, desapegarse amorosamente de lo hecho sin tomarse más tiempo que el que tarda una hoja en caer o el viento en llevársela.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

lunes, 14 de abril de 2008

El relato ''Retorno a la inocencia''

De pequeño trató de entender como era posible que los demás no vieran los increíbles mundos que descubría en las más pequeñas cosas. Un infinito universo microscópico aparecía por doquier ante sus pequeños ojos, que se acercaban más y más y conseguían ver un planeta en un grano de arena y un océano en una gota de agua.

Con los mismos pequeños ojos veía hacia arriba para encontrar en ocasiones a esos gigantes que movían la cabeza de un lado a otro, riéndose y diciendo que no podía ser .Pero él seguía acercándose tanto a las cosas que todo lo demás terminaba por desaparecer, incluso algunas veces él mismo desaparecía haciéndose uno con el todo, y viajaba así a dimensiones ocultas para los gigantes, que a pesar de todo se las ingeniaban para hallarlo volando en las alas de una libélula o durmiendo la siesta bajo una brizna de pasto.

Esto no lo preocupaba demasiado porque sabía que podía escapar cuando quisiera por cualquier rendija, sabiendo que el mundo de los gigantes estaba lleno de agujeros que no sabían como tapar, o tal vez era que los gigantes veían todo así por su tamaño, por estar muy lejos de las cosas, y fue así que se le ocurrió que si se acercaban o mejor si se arrodillaban, tal vez iban a descubrir la verdadera dimensión de estas.

Una mañana al levantarse la sorpresa lo mareo igual que la distancia que lo separaba de su mundo, él mismo se había convertido en un gigante, y el nuevo mundo que ahora percibía lo llevaría lejos por caminos de aventuras, de promesas y de olvidos.

Para cuando regresó todo estaba muy cambiado, tan cambiado, de sus planetas de arena solo quedó el polvo,

De sus océanos en gotas se evaporó toda la vida,

Y ni siquiera los gigantes a los que terminó por amar se encontraban ahí, solo su mundo lleno de agujeros por los cuales ya no podía escapar.

De grande trató de entender como era posible que él no viera, y recordó que a lo mejor los gigantes veían todo así por su tamaño, por estar muy lejos de las cosas, y que si se acercaba, o mejor si se arrodillaba, tal vez iba a descubrir la verdadera dimensión de estas.

Entonces fue así que descubrió todos sus agujeros, pudo volver a viajar en las alas de una libélula y algunas veces, solo algunas veces cuando se hallaba muy cansado se tendía a dormir una reparadora siesta bajo una brizna de pasto.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

sábado, 12 de abril de 2008

Editorial ''Salirse del tiempo''

Salí a correr como casi todas las noches desde hace meses, y por alguna razón vino a mí el recuerdo de cuando siendo un niño salía a la calle en el barrio donde vivía y por gusto, y solo por gusto corría a toda velocidad, hasta donde se me ocurriera cada vez. El recuerdo se hizo sensación en el presente, y esa sensación de no perseguir ninguna meta de hacerlo porque si, fue realmente refrescante, se me alargó el paso, se me alivianó el peso, y pronto sentí el viento en la cara producto de la velocidad que llevaba, la sensación, ahora física, me instaló una sonrisa en el rostro que hasta entonces tenía el gesto del ‘’tener que’’.

Desde entonces veo la necesidad de volver a esos lugares, a crear espacios en el día, que nos saquen del ritmo que traemos, como pequeñas rendijas por las que espiar a otras realidades. Darnos permiso para que algo diferente pueda ser, recuperar esa capacidad perdida, olvidada en algún desván de la memoria, entre las cosas de ser niño que uno supo tener. Dirigir la intención hacia esa habilidad de transformar escalas, dimensiones y tiempos, y así dejar que una brisa renovada nos oxigene las ganas.

Esta posibilidad de salirnos de a ratos del tiempo y el pulso del día, nos abre un juego que es herramienta prodigiosa y auxilio cotidiano.

Estas cualidades del ‘’niño’’ deben ser exploradas desde nuestro lugar como una habilidad para salirse del tiempo cíclico y entrar así en el tiempo sincrónico, el tiempo verdadero.

Evocar, no por la imitación, sino apelando a los distintos cursos de memorias, esos recuerdos que han dejado una huella imborrable en nuestro ser, esos momentos en los que nos sumergíamos en mundos mágicos, y nos convertíamos. Esta evocación puede tener el poder de activar esas memorias y permitirnos recrear ese sabor en las situaciones que elijamos, y transportarnos instantáneamente a estados de ser y estar, tan complejos y completos que incluyen lo celular y lo químico.

La evocación de estas memorias no debe estar dirigida a copiar las acciones en sus contenidos sino más bien al proceso, que puede fácilmente ser adaptado a nuestra situación actual.

domingo, 6 de abril de 2008

Ser en el centro "8"

La contradicción nos impide avanzar en nuestra evolución personal, y sostenida en el tiempo termina por enfermarnos, así como la coherencia es cohesión, la contradicción es dispersión, y esta dispersión afecta al ser en su totalidad desde la psique hasta la célula.

Son los actos de unidad los que remedian esto, tener actos unitivos -como acciones claramente coherentes- armoniza la acción y la conciencia y nos da cohesión interna. Y es en esta cohesión, como fuerza que reintegra que descansa la unidad del ser y su equilibrio.

Cuando acción y conciencia son una, la contradicción es liberada y sus efectos disociativos desaparecen.

Habiendo entrado en el estado de aceptación y percibido la unidad inmanente de todas las cosas.

Habiendo liberado la contradicción y sus antagonismos,

Habiendo comprendido la necesidad de los actos unitivos y armonizado así, la acción con la conciencia, la vida se esclarece y esta se torna relajada y fluida.

Con esta nueva dirección en la actitud, los sucesos y las cosas dejan de estar aislados, se puede percibir como infinitos hilos unen a la totalidad y a uno con ella.

La percepción fragmentada empieza a quedar al descubierto y se sospecha una ilusión de la mente a través de los sentidos, uno empieza a sentirse –como un hecho- ligado a un todo coherente.

Esto es tan así que, aunque se vea con los ojos de la física moderna o de la mística antigua, las conclusiones son las mismas.

El universo del que somos parte esta tan ligado que hasta el aleteo de una mariposa es sentido por el resto. Solo el hombre con su miopía no ve más allá de su pequeño mundo y se piensa separado del resto.

Este estado de unidad inmanente resignifica la existencia y la visión que se tiene de ella.

Como consecuencia de este nuevo significado la conciencia se expande y se tranquiliza el alma.

Anibal Gómez Sutúl Naré

domingo, 30 de marzo de 2008

Editorial "Perdidos"

Salí a caminar por las calles de esta gran ciudad y no encontré ninguna ermita de paja donde meditar, ninguna cumbre nevada que escalar para sentir mi propia insignificancia.

Caminé por horas y no hallé lugar en silencio que me permitiera escucharme, caminé hasta que se hizo de noche, pero no oscureció, las luces de mercurio lo alumbraban todo constantemente y no me permitían sentir el ritmo de la naturaleza reflejado en los momentos del día. Y fue así que me perdí, me perdí en los lugares comunes, no porque no encontrara como volver, sino porque no sabía cómo había llegado hasta allí.

Trate de respirar profundo hacia abajo, hacia la raíz para reencontrarme, pero el humo de los escapes de los autos ocupaba tanto del oxígeno que tuve temor de respirar hasta el final, consciente del daño.

Quise enraizar mi posición, sintiendo como mi energía se hacía una con la de la tierra a través de mis pies, pero no había tierra cerca, solo un río de cemento continuo, inalterable, estático.

Me perdí en la ciudad, contagiado del ritmo caprichoso y artificial, embriagado por la ausencia de lo escencial.

Lo cotidiano, urbano y poco amigable se hacía sentir y lo único que quedaba al descubierto era la propia necesidad de encontrar las herramientas, la disciplina o lo que fuese necesario para lograr la armonía que de ninguna forma tiene que venir desde fuera.

Así comprendí…

Que la ermita es un lugar en lo profundo de la mente, y que puede convertirse la acción diaria en meditación activa.

Que la cumbre que se asciende es la consciencia de ser, y es descubrirnos en ella, la que nos da la escala de nuestra insignificancia.

Que el silencio, no es la ausencia de ruido, si no la ausencia de diálogo interno torturante.

Y también descubrí…

Que los ritmos del día se pueden hallar dentro, en la respiración y el movimiento tan solo dedicándoles un poco de observación.

Que solo está perdido el que no se busca.

Por esto es necesario crear…

Un compromiso a diario con la propia realidad.

Una intención de no dejarse arrastrar por la demencia colectiva.

Es necesario que nos salgamos del tiempo por un momento en el día, que dejemos de pertenecer al mundo para estar en él solamente, que recurramos a tanta herramienta, recurso y conocimiento que nos llega desde siempre.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

sábado, 22 de marzo de 2008

Encuentros con el Guia ''4''

‘’De la libertad”

Paría la mañana un día insolente de sol, descarado de viento, sin una nube, como si no le importara ni de los pájaros ni de las flores.

El agua serpenteaba jocosa, rumoreando secretos de las piedras, tan redondas, tan indiferentes. Miríadas de soles blandos se asomaban en el río y alumbraban un cielo sorprendido desde abajo.

Sin preguntarse ni porque, ni cuando, ni donde, en esos parajes la vida se vivía a sí misma. No necesitada de razones, sin más sentido que el sentido de lo que empuja desde el centro y hace hacer, allí el todo se expresaba en cada uno y cada uno se expresaba en el todo.

Habíamos llegado a ese lugar el día a anterior, con lo último de luz que quedaba, con apenas el tiempo suficiente para improvisar un campamento donde pasar la noche.

Los dos días de marcha se hacían sentir, más en el cuerpo que en el espíritu que se exaltaba alegre y apuraba los pasos con tal de avanzar y poder ver algo más de aquella vastedad tan generosa.

Repasamos los eventos del día y nos quedamos dormidos a la intemperie, contemplando un cielo diáfano y estrellado como pocas veces había visto.

Nos despertamos con los primeros rayos de sol, y a medida que abríamos los ojos cada uno elogiaba la mañana radiante que nos tocaba.

Uno del grupo se estiró haciendo crujir los huesos de su espalda y dijo:

-En este lugar me siento libre como un pájaro.

-O como el viento, dijo otro.

-O como esa libélula, comentó un tercero, y todos reímos con ganas.

-¿Por qué será que siempre son animales los que son libres y nunca el hombre? pregunté.

Y el comentario fue aprovechado por alguien que a su vez preguntó al guía, que parecía estar despierto desde hace rato y yacía agachado mirando detenidamente un caracol que se deslizaba sobre la rama de un arbusto:

-¿Es libre el hombre, maestro?

Y él, que no quitaba la vista del caracol, respondió como era su costumbre con otra pregunta:

-¿Es libre el caracol capaz de ir donde quiera, pero incapaz de liberarse de su incrustada concha?

¿Es acaso libre el hombre si está atado a sus pensamientos, sensaciones y emociones?

Si el caracol removiera su concha perdería su protección, pero si el hombre cortara sus ataduras ¿qué perdería?

El guía nos sacudió la modorra mañanera con sus palabras, y nos acercamos a él para escuchar con más atención mientras mirábamos también el caracol.

Alguien respondió:

-Si el caracol removiera su concha moriría.

Y alguien más preguntó:

-¿Entonces la muerte lo liberaría?

A lo que el guía respondió:

-La naturaleza del caracol le provee de hogar y refugio en su pesada carga, y para éste igual que para el hombre morir a tiempo es bueno, pero no está en la naturaleza de ninguno de los dos decidir cuando.

Fue cuando el tercero agregó:

-¿Entonces si vuelo cómo ésta libélula seré libre como ella? señalando en la dirección que una libélula revoloteaba errática y veloz alrededor nuestro.

-Si tu pensamiento vuela como una libélula, veloz, inquieto, sin control, ahora en una dirección, ahora en otra, sólo te enredas más y más y gastas tu energía. Para la libélula es bueno ser libélula y volar como tal, ¿pero por qué limitarte?, si puedes volar como un dragón con la dirección y la potencia para entrar en lo profundo de las cosas.

Estar libre como un estado interior, para ser libre más allá de los lugares o las situaciones, de los pensamientos o las sensaciones. Cortar las ataduras a las propias creencias, ir más allá de los límites de las propias formas para sentirse libres, libres como un hombre.

La libélula se alejó con su vuelo raudo e imprevisible, movida por quien sabe que razones, el caracol continuó su lento pero interminable derrotero por su mundo vegetal, y nosotros nos encaminamos hacia nuestro destino

Anibal Gomez “Sutul Nare”

Editorial "Fronteras"

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías al alcance de más gente cada vez, surgen nuevas tendencias sociales, que plantean el cuestionamiento de algunos sectores, sin percibir por un instante que lo único que se está cuestionando es la estética que presentan en esta oportunidad, no siendo más que los mismos contenidos atemporales de siempre, diferentes en su forma.
Con una estética renovada que adopta la forma casi de ciencia ficción, se diferencian tribus urbanas, que no hacen más que el resto de las gentes.
Ellos se sienten diferentes al resto, y el resto los critica por sus ideas y actitudes, pero en realidad todos están haciendo lo mismo todo el tiempo, como en la discusión de Dios, una vez más, mi Dios es más fuerte. Y planteado así queda claro que no se está yendo a ningún lugar en el que no se halla estado ya.
Instalados en el consumismo como forma de pensar y sentir, se va tratando de poseerlo todo, y se hacen fijaciones de cuanta cosa se pone a nuestro alcance, sean objetos o ideas.
Sin ver que cada sociedad ha ido fundando las bases para que las divisiones nos fragmenten cada vez mas. Desde el momento en que se forman grupos de pertenencias y afinidades, nos aislamos casi inocentemente y terminamos levantando muros y marcando fronteras, que mas tarde se convierten en territorios, con lo que esto deja afuera o del otro lado, y de lo cual hay que protegerse, por el simple hecho de que son los otros, ‘’los que difieren de nosotros’’ Desde este nivel de consciencia, amo todo lo que se me parece o con lo que me identifico, y aborrezco todo lo que difiere de mi.
Fronteras ideológicas, físicas, territoriales, conceptuales, culturales, sociales, económicas, fronteras como límites, fronteras como aislación, es claro dónde está el principio que nos separa y crea las razones de tanto temor que toma la forma de odio y de violencia.
Anibal Gómez (Sutúl Naré)

sábado, 15 de marzo de 2008

Editorial ''Realidad fragmentada''

Cuando veo tanta dispersión, tanta fragmentación, comprendo porque es posible la realidad social que vivimos a diario.

La idea de una realidad fragmentada avala el argumento del beneficio propio a expensas del otro, permite la ilusión de que el perjuicio ‘’de lo otro’’ es eso y no me afecta, no me involucra. Desde este lugar se justifica lo deshumanizado y lo deshumanizante de las instituciones y el individuo.

Una demencia colectiva-social termina siendo la única posibilidad, cuando no hay sustento para el individuo en una comprensión de la realidad con bases en la unidad, como escencia misma del universo.

Tan peligrosa es esta idea de la realidad, tan poco ecológica en el mejor sentido de la palabra, que está llevando al agotamiento de los recursos naturales, sin reparar en lo que esto está ocasionando y va a ocasionar en el corto plazo. Existiendo desde hace años la tecnología para evitarlo, es claro que son los intereses puestos en juego, que descansan, en una visión reduccionista y desarticulada sin contemplar las consecuencias.

Por esto es necesidad recuperar la unidad como un estado…

Interno-externo, a diario como cosa ordinaria, entendiendo ordinario como orden y armonía, Que en consecuencia este orden y esta armonía tienen su correlato en la molécula y en la célula, con sus consecuencias para bien.

Verse-sentirse ‘’parte de’’, reintegrándose al entorno con un compromiso a nuestra escala, y comprender que el beneficio de hacer esto, una vez más vuelve a ser más que la suma de las partes. Una realidad individual y privada que no se diferencia de la pública y colectiva en sus formas sino en sus contenidos, totalmente abarcadora y amorosa.

Por eso es menester ir…

De la realidad cartesiana, plana y fragmentada, donde la suma de las partes es igual al todo, a una realidad donde la suma de las partes es sinérgica, y la totalidad es un hecho que nos devuelve miles de matices perdidos con el tiempo, matices que se fundieron en un gris constante, grises con pretensión de certidumbre, aburridos pero cómodos, aburridos pero seguros, y después no sabemos porque añoramos ese tiempo en que los sueños tenían el sabor de la posibilidad que nos da frescura en el hacer, en el estar y el ser.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

domingo, 9 de marzo de 2008

Editorial "Espiritualidad"

Muchas veces confundida con religiosidad, la espiritualidad sufre en la creencia general lo mismo que el concepto de calidad de vida que a diario es pensado como nivel de vida, esto ocurre porque la religión sin espiritualidad es imposible, no sucediendo lo mismo a la inversa donde la espiritualidad se autodefine, y existe sin el dogma.

La espiritualidad plantea en sí la necesidad de una visión holística y ecológica de la existencia, comprometiendo -en la totalidad de sus ideas y más tarde acciones- al individuo completo que no puede dejar de considerar, o no debería, lo que su creencia implica en lo cotidiano.

Vista de esta manera, la espiritualidad nos confronta con la necesidad de ser coherentes, y nos compromete con nuestra acción a diario, si bien es cierto que uno siempre está comprometido con su existencia –aunque no se dé cuenta- desde la consecuencia de sus acciones.

Una espiritualidad pura de contenidos no ajustada a las formas ni modas, una espiritualidad abierta al crecimiento del ser, que sea alimento y a la vez sostén, cuerpo y alma.

La espiritualidad así encarnada reclama un alto precio, pero es de un gran valor para aquel que elige transitarla.

Alto precio porque en un mundo de materialismo despiadado, parece que la ‘’inteligencia’’ de la conveniencia puede libremente atentar contra lo humano, y la espiritualidad pasa a ser una utopía, ridiculizada y despreciada.

Al final del tiempo cuando lo tenido se diluye y solo queda lo esencial ¿en qué nos vamos a refugiar?

Cuando se resignifica la existencia -si tenemos suerte de que esto pase- ¿en qué nos vamos a sostener para cruzar al otro lado dignamente?

domingo, 2 de marzo de 2008

Editorial ''Cambiar el mundo''

Existe el mundo de todos, en donde lo que hacemos se diluye y parece no tener valor, esto nos deja la sensación de que nada de lo que hagamos puede cambiar algo, ni para bien ni para mal y probablemente esa sensación nos lleve a pensar y a actuar con cierta desidia, o mínimamente con desesperanza.

Un mundo donde el anonimato y la falta de pertenencia, que una escala desnaturalizada avala, nos sumerge en una orfandad ideológica, y en un desarraigo afectivo, capaz de hacernos perder el sentido, visto este como dirección.

Pero también existe el mundo personal, individual, ese que nos afecta y afectamos directamente, ese que no es mayor que el más lejano de los horizontes que nuestras relaciones pueden construir.

Ese mundo reacciona a nuestra intervención, de hecho es esta la que le da forma y lo hace existir como tal, es en este punto que nos debemos detener e indagar.

Si mi mundo proximal no está como necesito ¿Qué estoy haciendo o dejando de hacer para que esto sea así?

Comprometidos con la pequeña existencia, y con el modesto alcance de nuestras acciones, basadas en la coherencia, podemos afectar nuestro entorno a favor y no en contra.

Tornarnos activos hacia nuestro entorno más próximo sin mayores pretensiones, abandonar el lamento pasivo, y responsabilizarse alegremente, participar en nuestra escala de aquello que queremos cambiar y comprender que:

Podemos cambiar el mundo de todos si cambiamos el mundo de cada uno.

Anibal Gomez (Sutúl Naré)

sábado, 23 de febrero de 2008

Editorial "Ver verde"

La mas mínima de las expresiones de la naturaleza tiene el poder de reencontrarnos con partes esenciales de nosotros, de despertar estados y emociones, una maseta en un balcón que se asoma como fuera de contexto, nos puede conectar con una sensibilidad y con un reflejo casi primitivos, que se olvida fácilmente en ausencia de estos disparadores,

Estas criaturas verdes, aparecen recortadas entre los grises cementicios de la ciudad y son un bálsamo para el espíritu más allá de que uno lo note o no.

Nos recuerdan tanto, nuestro origen y nuestro vinculo que no podemos evitar la empatía.

Al encontrarnos con estas presencias vegetales uno recupera la escala humana, y las arquitecturas de las grandes urbes se nos antojan más que nunca caprichosas o arbitrarias, a tal punto, que uno llega a preguntarse qué es lo que realmente está fuera de contexto.

Sería revitalizador y significante que nos podamos reintegrar a esa naturaleza a diario, sin menospreciar su valor por su tamaño.

Generar una interacción, proveerles de un cuidado, atentos a la devolución simple y profunda que pueden retroalimentar estos contactos, por mínimos que parezcan, como espacios y dimensiones del pensar y del sentir, con una calma inusual, una calma verde y vegetal que emana desde el centro de nuestra comunión y de su reconocimiento.

Estos momentos pueden ser desarrollados libremente, pero acercándonos a una técnica, como un ejercicio, en donde el trabajo con la naturaleza nos permita sondear en contenidos, a ritmo lento pero activo, capaz de aquietar el flujo de pensamientos.

O sencillamente, haciendo de este hecho un arte del estar presentes, podemos sumergirnos en una única actividad donde no exista nada más en nuestro instante, que él solo acto en el que nos encontramos. Con toda mi presencia aquí y ahora remuevo la tierra dura, podo unas ramas o quito las flores secas.

sábado, 16 de febrero de 2008

Ser en el centro "7"

Si la unidad inmanente es la esencia del universo, y la virtud del hombre su expresión, debo poder deshacerme de la contradicción, que no solo es un proceso disociativo, si no también contrario a la naturaleza de la vida.
Para liberar la contradicción es menester practicar los actos de unidad, estos se diferencian por tener cohesión interna y armonizar la acción y la conciencia.

El comentario

Habiendo comprendido que las cosas son lo que son, ni más ni menos, el estado de aceptación nos libera del desacuerdo ante el hecho inevitable, y es en este acuerdo íntimo con lo inexorable que la pretensión no es posible.

Sin pretensión, las resistencias que se esgrimían como argumento carecen de sentido y son abandonadas. Siendo así, no hay fricción ni pérdidas, ni nada que resignar con ese sabor amargo que nos dejaba el desacuerdo.

En esta nueva condición, que el estado de aceptación nos da, la vida se experimenta de manera integrada y fluida, y ésta deja de ser como un rompecabezas caprichoso y aleatorio, donde la fragmentación imperante en la que estábamos se desvanece y es posible percibir la unidad que subyace, de la cual somos expresión y parte.

Cuando no vemos al universo con ojos mecanicistas, éste deja de ser una máquina y lo que está en él sus partes.

Este reduccionismo no es posible para aquel que ha descubierto, por percepción o por intuición, que existe una condición de unidad inmanente en todo lo que nos rodea.

Es esta unidad esencia del universo, y el hombre no podría hallar virtud mayor que la de ser su expresión.

Puesto que el mismo es un universo debe expresar esta unidad en sus actos para ser su reflejo.

La coherencia no solo implica un razonamiento sino un comportamiento que va más allá de nuestras acciones. Ya que la coherencia es cohesión y la cohesión es fuerza que sostiene y contiene, es en ésta actitud de coherencia que la esencia del universo se expresa en el hombre.

Y es por oposición a este estado de unidad inmanente que la contradicción surge como actitud disociativa y fragmentadora.

Capaz de invertir la corriente de vida hasta el extremo de enfermarnos, la contradicción es más peligrosa de lo que reconocemos a diario, hay en su antagonismo, en su desacuerdo y en su necedad tanto sabor amargo de autoagresión que son claros indicios de su negatividad.

Solo el hombre es capaz de ir contra la naturaleza de la vida, y es a partir de sus contradicciones que lo hace.

Si la contradicción es liberada desaparecen el antagonismo y la separación.

De ser así, uno fluye suavemente hacia el estado de unidad inmanente.

En el estado de unidad inmanente la mente se aquieta, y el espíritu es libre, y ambos se expanden, vastos e inconmensurables, como las estrellas del cielo o las arenas del desierto.

Anibal Gomez Sutúl Naré

lunes, 11 de febrero de 2008

Editorial ''Lo milagroso''

Cuando ‘’Lo milagroso’’ tiene la forma de lo cotidiano desaparece como tal.

Como dijo un maestro “lo que no conozco no existe para mí”, así el milagro que no es visto es ignorado, o peor, negada su existencia. Si nos detenemos a pensar un momento en este detalle, se nos hace imposible negar la existencia de los milagros a diario, ¿cuántos de estos ocurren todo el tiempo alrededor de uno sin que uno siquiera lo sospeche?

Así como el pez es la peor fuente de información acerca del agua, ya que ignora su existencia por estar inmerso en ella desde el primer momento de vida, nosotros ignoramos la existencia del milagro por la misma razón.

El milagro como lo conocemos a diario, hace referencia al milagro que es visto o reconocido y no al otro, al milagro que es ignorado o no percibido.

Vivimos en una constante de milagros que ocurren alrededor nuestro y que raramente son observados, tal vez porque creemos que los milagros tienen que tener una forma, o al menos un espíritu determinado, tal vez porque solo consideramos milagros a aquellas cosas que tienen una magnitud determinada, dejando fuera de la categoría quien sabe cuantos de ellos.

Sujeto a leyes particulares y con mecánicas particulares “El milagro” nos sorprende más a diario por sus mínimas expresiones, que por un despliegue oneroso y cinematográfico.

Una vez más, la pérdida de la condición original, de ese estado de pureza con el que venimos a la vida, y que es eje durante la niñez, es responsable de una situación que con el tiempo nos condena a la pérdida de ‘’El milagro’’ o “Lo milagroso”, no porque estos dejen en realidad de ocurrir, sino porque son dejados de percibirse, es la imposibilidad que determina la realidad del adulto lo que lo está condicionando, sin siquiera sospechar que esto podría ser de otra manera en el momento mismo que él permita que la realidad sea diferente. Son tantos los acuerdos que uno validó sin cuestionar acerca de lo que es posible y que no, que hoy cuesta pensar de otra forma.

Tal vez podríamos decir que una persona se encuentra en la adultez cuando ha perdido ese estado original o raíz. Está perdida, en general bien vista como señal de madurez, es el principio de una vida de cosas concretas que terminan por hacernos perder “la posibilidad”, y es así que los milagros, que estuvieron pasando todo el tiempo dejan de ser percibidos.

Uno podría preguntarse cuál es el problema, si uno solo espera un milagro cuando las cosas están realmente mal, pero sin llegar a esos extremos, lo peor de esta situación es que se pierde esa frescura y esa alegría que nos daba el estar insertos en un mudo mágico y lleno de posibilidades, un mundo menospreciado por el adulto en general, y visto como divertido, pero irreal, un mundo que tiene la capacidad de devolvernos cierta suavidad para vivir, cierta alegría y cierto agradecimiento.

Es necesario una vez más entrar en la condición de ‘’Lo Milagroso’’. Recuperar este estado sin detenernos a discutir si es de condición religiosa, producto de la ley de atracción, o cualquier otra visión que uno quiera elegir como modelo de creencia, teniendo en cuenta que ‘’El milagro” es de hecho mas allá de las creencias y los dogmas.

Debemos desandar el camino hacia el estado de Raíz, reencontrarnos amorosamente con lo que fuimos, que espera impaciente a que lo llamen a jugar, en algún lugar de nuestra consciencia más profunda, y comprender que forma tiene el juego hoy para nosotros, esta será la tarea que le toca a cada uno.

Anibal Gomez(Sutúl Naré)

lunes, 4 de febrero de 2008

Encuentros con el Guia ''3''

El Camino

El guía me despertó en la madrugada, apoyó su mano firmemente en mi hombro y en vos baja como para no despertar al resto me dijo que me pusiera calzado para caminar y me pidió que lo siguiera.

Era una noche fresca, pero sin dudas cuando el sol saliera se iba a hacer sentir, el verano estaba en su apogeo y el calor dificultaba las actividades, por eso salimos antes de el amanecer, íbamos en busca de unas plantas medicinales que se habían terminado y formaban parte del botiquín permanente del lugar, y que al parecer crecían muy retirado en el bosque.

Caminamos tanto y tan rápido que se me hacía difícil seguir sus pasos, la espesura del lugar y la oscuridad todavía reinante imposibilitaban la orientación a partir de referencias geográficas, pero el guía parecía conocer muy bien el lugar, o se orientaba muy bien de alguna manera. Lo curioso es que caminaba con una fluidez y firmeza que yo con muchos años menos que el no lograba.

-No veo el camino comenté, casi a modo de protesta.

-¡que bueno! Exclamó, creo que el viaje ya valió la pena.

-¿pero que es lo bueno? Pegunté, molesto mientras tropezaba con una raíz y perdía el equilibrio.

-Siempre me da alegría que alguien reconozca su situación, y que no veas el camino y puedas reconocerlo te da una oportunidad de seguir.

La luz de afuera es la misma para ti que para mí, pero no te has preguntado ¿por que veo por donde voy y tu no? hay algo en mi interior que me permite ver cual es el camino que en ti no esta, y no puede seguir siendo así por más tiempo.

La luz que alumbra el camino es la misma para todos, pero algunos no ven mas que oscuridad.

-¿Es mi ignorancia? Pregunté mientras trataba de seguir los pasos del anciano.

-No tanto la ignorancia, como la falta de indagación de los propios contenidos. La ignorancia es un estado original, pero la falta de indagación es casi un pecado.

Ambos nos callamos, caminamos en silencio por horas, mis pensamientos se ordenaban a cada paso, yo siempre lo disfrutaba, era de esas cosas que a diario extrañaba en la ciudad, el caminar con los sentidos, viendo, escuchando, oliendo, sintiendo, todo el ser impregnado de sensaciones tan maravillosas y sencillas acallando de tal forma el pensamiento, que ya no había ni siquiera un diálogo interno.

Nos detuvimos un momento. El guía se agachó y bebió agua de una planta con forma de nido y me hizo señas de que lo imitara.

- Cuidado con las espinas- comentó.

El agua para mi sorpresa estaba fría y sabía bien. Se quedó agachado y me invitó a sentar a su lado. Los dos nos quedamos viendo las bifurcaciones del camino por seguir, y después de un rato habló así:

- ¿Ves un camino, o ves muchos?

- Veo muchos, respondí, sabiendo que sus preguntas tenían más de una intención.

- Muchas son las posibilidades, pero camino es sólo aquel que tú pisas, dijo categórico mientras se ajustaba los cordones del calzado, y se sentaba cruzando las piernas.

-¿Puedo elegir cualquiera? Pregunté mientras trataba de adivinar cual sería el camino a seguir. -¡Cuidado con la senda por la que te alejas del camino! Exclamo con tono de advertencia. -¿Cómo sé cual elegir? Le pregunté, entusiasmado por saber.

-La pregunta no es ¿cómo? Sino ¿con qué?

-Pero ¿acaso hay alguna otra forma que no sea con sentido común? Pregunté casi retórico.

-El que tiene sentido, tiene dirección, pero ahora dime, e hizo una pausa antes de seguir y asegurarse de que captaba toda mi atención ¿cuando eliges un amor, lo haces por sentido común?

-¿El amor se elige maestro?

-¿El camino se elige, mi amigo?

-Si, respondí.

-Ahora que llegamos -como en un camino circular- al principio, la pregunta se repite a sí misma y ésta es ¿con que? no ¿Cómo? dijo el maestro.

-¿Para elegir un camino, uno no debe saber primero dónde quiere llegar?, interrogué ansioso.

-¿Qué te hace pensar que los caminos llegan a alguna parte? Me respondió, sabiendo que sonaba obvio.

-Entonces ¿por qué son caminos?

-Por eso, porque son para andarlos, replicó el guía ¿O acaso el destino es la razón del camino? ¿O lo son tus pasos?

-Entonces maestro, ¿Para qué son los caminos, si no conducen a ninguna parte?

-El camino no es llegar, el camino es ir, pero si no tienes con que, ni vas ni llegas.

-¿Con qué, sino es con sentido común?, pregunté intrigado.

-El sentido común del que tú hablas, es la razón de la mente, y sería bueno comprender a ésta hora, que el corazón es el sentido común del espíritu, entonces la respuesta es: con corazón, mi amigo, con corazón.

Reanudamos la marcha en silencio y no nos detendríamos hasta llegar al sitio indicado. Bajamos por una senda empinada a orillas de un caudaloso río, y aunque todavía el camino no era totalmente claro, no sentí temor, era seguro que la luz no tardaría en llegar.

Anibal Gomez “Sutul Naré”

miércoles, 30 de enero de 2008

Ser en el centro "6"

Si he ingresado en el estado de aceptación, he podido renunciar a la pretensión y el desacuerdo, sin sensación de pérdida ni resignación negativa.

De ser así, deberían desaparecer las resistencias y la fragmentación, pues la unidad inmanente es la esencia del universo y la virtud del hombre su expresión.

El comentario

¿Cuántos de nosotros tenemos la pretensión de que la vida o las personas se ajusten a nuestros deseos? Si algo va a cambiar a esta hora, uno debe sincerarse y reconocer la pretensión oculta, por que este sinceramiento podría ser el principio del cambio que uno esta necesitando.

¿Cuántos también, tenemos la pretensión de que nosotros mismos cumplamos con una cierta expectativa, pagando un precio altísimo por una imagen de si exagerada?

Es en la falta de merecimiento que implica la pretensión y en el desacuerdo de fondo que la aceptación no es posible.

Por esto renunciar a la pretensión y el desacuerdo es condición para entrar en el estado de aceptación.

Anibal Gomez Sutúl Naré

miércoles, 23 de enero de 2008

Ser en el centro "5"

Si acepto las cosas pero no las entiendo, en realidad no las acepto.
Para entrar en el estado de aceptación, debo renunciar a la pretensión y el desacuerdo, y no esperar que los demás, o la vida se ajusten a mis deseos o expectativas.

El comentario

Aceptar por el camino de la comprensión para que no haya apretar de dientes y murmullos por lo bajo, por que si hay desacuerdo no puede haber aceptación.

Se acepta por que se comprende, y se comprende por que hay una integración de todo el ser en el proceso, no un mero mecanismo intelectual, sino el trabajo del cuerpo y la emoción sumados al intelecto.

La comprensión así diferenciada del entendimiento, es como un relámpago en la oscuridad que atraviesa todo el ser y tiene el sabor de la certeza inexorable.

Comprender es encontrar la raíz de lo que se acepta y esto una vez mas nos libera de tanta pretensión y tanto desacuerdo.

Es necesario aprender a diferenciar la aceptación libre y fluida alcanzada por la comprensión, de la resignación negativa en donde uno no acepta en realidad, si no más bien entiende que no tiene otras opciones, pero en el fondo habita el desacuerdo.

La aceptación genuina es un estado que no conoce la resignación negativa ni el desacuerdo, es un movimiento fluido del ser sin condiciones.

lunes, 14 de enero de 2008

Encuentros con el Guia ''2''

Quitar lo que sobra


Esa mañana el guía nos reunió a todos, no en el lugar que habitualmente usábamos, en la sala grande de la casa principal, sino en el jardín que rodeaba a ésta, y desde el cual se divisaba claramente el parque y el bosque que ocultaba el lugar de la vista de los curiosos, y le confería una atmósfera de calma y privacidad.

Recuerdo que el guía estaba trabajando con unas tijeras, podando una planta… Mientras fuimos llegando, tomamos posiciones cerca de él para ver que hacía, y cuando hubo confirmado que estábamos todos, empezó a hablar.

-Con el correr del año, las estaciones nos plantean distintas necesidades, finalización de ciclos, cambios y transformaciones, y es en este contexto de naturaleza que la enseñanza se afirma y se ejemplifica en metáforas de la existencia, por eso, esta mañana quiero que poden estas plantas.

Sabiendo que todo lo que hacemos aquí tiene sentido por si mismo y se justifica en la necesidad, a la vez nos propone una tarea con nosotros mismos y nuestros contenidos ocultos.

-¿Pero cómo lo hago? Pregunté.

-El guía que seguía trabajando, por un momento se alejaba de la planta para tener perspectiva antes de seguir cortando, y luego arremetía hacia ella con gran vigor y en unas cortadas rápidas y precisas le daba nueva forma, casi compulsivamente, para luego detenerse y retirarse una vez más y volver a observar. Esto se repitió varias veces más, como en un ciclo rítmico en el que cada acercamiento era una explosión de energía que transformaba sustancialmente la forma de la planta, al tiempo que las cortadas quitaban porciones mínimas de las ramas Mientras seguía trabajando, y después de un momento en el que parecía muy concentrado en lo que hacía, respondió.

-Haz como con el hombre, sólo quita lo que sobra.

-No estoy seguro, ¿cómo sé que es lo que sobra?

-Lo primero es entender que cada planta tiene su forma, descubrir esto puede ser tarea difícil, pero uno no debería escapar de ésta.

-¿Esto es muy difícil? Volví a preguntar tomando las tijeras y preparándome para cortar la primera rama.

-Tal vez no deberías preguntarte si es difícil, tal vez deberías preguntarte si es posible.

-Entonces sólo quito lo que sobra, dije, mientras daba una vuelta a la planta buscando su forma.

-Lo que sobra, dijo.

-Pero maestro, siempre nos dices que la naturaleza da el ejemplo, entonces, ¿por qué debemos podar los árboles? Si fuera esto necesario, ¿la naturaleza no haría que las ramas no crecieran de más?

-¿Tú crees que en la naturaleza las especies son auto suficientes, y no necesitan de otro para desarrollarse plenamente? Todo el tiempo interactúan ayudándose unos a otros para cumplir así con sus destinos. El hombre no es la excepción, al contrario, él tiene la mayor responsabilidad en tal sentido, no olvidemos que el hombre es naturaleza, y ser humano, la virtud de su expresión. Se dio vuelta, miró alrededor, y señaló hacia los árboles del bosque.

-¿Que ves cuando miras este bosque? Me preguntó

-Veo un conjunto de árboles creando un paisaje que se recorta en el horizonte respondí, tratando de adivinar hacia donde iba con su pregunta, y conociéndolo sabía que iba hacia algún lugar, pero este, siempre me resultaba impredecible.

Yo en cambio veo cientos de interacciones y dependencias, claro que no esas dependencias en las que estas pensando ahora y me miró de costado rápidamente para seguir con su mirada fija en dirección a los árboles.

Yo quise justificarme de mi pensamiento, de alguna manera el había sabido que estaba a punto de cuestionar la idea de las dependencias con los demás, quizá por que desde pequeño había aprendido a ser independiente, pero antes de poder hacerlo el guía continuó hablando:

-¿Ves aquel pájaro? El negro y amarillo que revolotea sobre las copas de los árboles, se alimenta del fruto del árbol y después vuela lejos, a su debido tiempo dejará su excremento y depositará junto con él la semilla, a una distancia muy conveniente, de no ser así la semilla no germinaría a la sombra del árbol madre. Así que el árbol entrega el fruto al pájaro, y éste a cambio lo transporta y siembra, el resto lo hace el tiempo.

Volvió a la planta, cortó rápidamente varias ramas, y agregó:

-Podar, es cortar lo que creció demasiado. Echó un vistazo al jardín, mirando por encima de nuestras cabezas, y sonriendo dijo:

-Acá hay muchas cosas que necesitan ser podadas. Muchas cosas tienen forma exagerada, veo algunas ramas tan largas que apoyan en el suelo y veo sus frutos pudrirse en ellas y ser devorados por las hormigas.

-¿Este corte, no le trae sufrimiento a la planta?, pregunté, tratando de sonar impersonal, sabiendo que lo que ha crecido demasiado en uno tiene el sabor de lo pretencioso y no de lo genuino, y que seguramente reencontrarse con la propia pequeñez sería doloroso mas para uno que para la planta.

-Estoy seguro que si, respondió el guía, y en su vos había tanta convicción como calidez. Pero hasta la planta sabe, que de no ser así, mas habrá que lamentar en el futuro. Ahora, véanse a si mismos.

En silencio nos sostuvo la mirada a uno por uno

-¿qué clase de planta son y cómo están? Siguió diciendo,

Y de vuelta otro silencio y la mirada nos daban el tiempo y la dirección del pensamiento para preguntar y responder internamente.

-¿Puedo descubrir mi forma, y revelar la no forma?

¿Hay mucho que podar para reafirmar el poder en la raíz?

¿Estoy en la raíz, o en las ramas?

Antes de dejarnos trabajando con las plantas el guía se agachó, tomó una ramita del piso y escribió en la tierra:

El árbol kinú hace fruto y alimenta al pájaro negro y amarillo, el pájaro negro y amarillo vuela lejos y da vida al nuevo árbol Kinú ¿Estoy dispuesto a deshacerme de algo por una nueva vida y a aceptar la dependencia equililbradora?

-Los dejo con las tijeras y las sierras, estoy seguro que el día va a ser largo. Que tengan buena poda.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

jueves, 10 de enero de 2008

Editorial ''Yo prefiero creer''

¿Hasta qué punto la visión mecanicista reduccionista heredada y raramente cuestionada nos condiciona en la forma de ver la vida y el mundo?

Nos detuvimos a pensar en cómo esta visión de las cosas tan lineal y cómoda nos limita nuestra forma de pensar y se escabulle debajo de todas las expresiones del ser humano, desde el lenguaje hasta la arquitectura y el arte?

Cuando el todo queda reducido a la suma de sus partes, dividido y descompuesto en partes ajustables a la medida de nuestras limitaciones, nos sentimos capaces de la hazaña de la comprensión y enarbolamos la bandera del pensamiento científico lógico-deductivo en detrimento de otras formas de pensamiento, de otras visiones de la vida y el mundo.

En esta confusión, a estas alturas histórica, tendemos a creer que desarrollo tecnológico y evolución son la misma cosa, y así lenta pero continuamente derivamos, y nos alejamos de nuestro curso con ingenuidad, descansando en nuestra ignorancia, sin sentirnos responsables ni artífices de nuestro destino.

Esta visión cultural, tan real como parcial, alega ser la dueña de la única verdad y hace ruido con otra más natural y enraizada profundo en la mente humana, que todo el tiempo nos acecha y toma la forma de grandes interrogantes.

A veces tomados como nuevos paradigmas, acicatean la arrogancia de más de uno y los obliga a abdicar de cierta pretensión de conocimiento.

Es esperanzador ver como estos interrogantes generan la necesidad de abrir nuevas puertas a la posibilidad, y es cuando uno reconoce que, si sigue haciendo lo que estaba haciendo, va seguir consiguiendo lo que estaba consiguiendo.

En este punto sería bueno detenerse y preguntarse cómo afecta a diario esta forma de pensar en cada uno de nosotros.

Uno podría fácilmente pensar que esto está en una escala tal que no afecta lo individual de manera significativa, pero cuando descubrimos que esta visión fragmentada es responsable de tanto sin sentido y tanto vacío en nuestra vida queda en evidencia la necesidad del cambio.

Esta linealidad artificial pero cómoda, sacrifica, en aras de lo conveniente, todo lo que en algún momento fue impulso vital y creativo, sacrifica la posibilidad y la elección.

De alguna manera somos como arañas atrapadas en su propia tela, con la diferencia que nunca supe de una araña así.

Por eso yo prefiero creer…

Hay quienes dicen que el olor que se siente en el verano justo antes de la lluvia es un ácido que liberan las plantas, yo prefiero creer que es el olor de la tierra agradecida por el agua fresca…

Hay quienes dicen que los troncos de los árboles reflejan cuanto vivieron, yo prefiero creer que nos cuentan como…

Hay quienes dicen que el sonido del viento se produce por la velocidad que lleva al rozar con algunas formas, yo prefiero creer que es su espíritu que nos habla…

Hay quienes dicen que las montañas son enormes, yo prefiero creer que nosotros somos los pequeños…

Hay quienes dicen que el sonido del río es por la fuerza con la que baja, yo prefiero creer que nos cuenta de su historia…

Hay quienes dicen que la muerte es el final de la jornada, yo prefiero creer que es un nuevo comienzo…

Hay quienes dicen "haz un milagro y creeré en ti", yo prefiero creer.

Aníbal Gómez (Sutúl Naré)

domingo, 6 de enero de 2008

Encuentros con el Guia

Encuentros con el Guía ''1''


El principio


Cuando me acerqué al guía, este ya era un hombre mayor, y yo muy joven. Iba a verlo por alguna razón que en aquel momento no me era totalmente clara. El vivía en una granja en las afueras de la ciudad, lo suficientemente lejos o cerca como para que uno decidiera lo que esto significaba, según el propio estado de animo.

Algunas cosas han cambiado desde entonces, hoy, yo soy el hombre mayor, aquella razón que me impulsó a hacer mi camino se hizo clara, y el guía ya no vive con nosotros, más que en el recuerdo y en el corazón. Y si bien antes estábamos juntos de tanto en tanto, hoy no pasa un día en el que no lo estemos.

Es con la alegría y la responsabilidad que su recuerdo me inspira que escribo estas historias, tratando de ser lo mas fiel posible al espíritu que lo animaba.

Los días en la granja comenzaban temprano, con los primeros rayos de sol. Todos los que vivíamos en el lugar, compartíamos el desayuno junto al anciano que daba las indicaciones del trabajo en esa jornada. Las charlas intensas de entonces se mezclan en mi memoria con el aroma del café y las tostadas recién hechas que acompañaban aquellas mañanas. Todavía si cierro los ojos, y respiro profundo, me parece sentir el aire frío y puro, y el olor de los pinos del bosque que rodeaba el lugar llenándome los pulmones.

A pesar del tiempo que ha pasado no me cuesta nada ver al viejo maestro caminar por el parque, lento y cadencioso, en dirección al estanque, y recordar claramente nuestras charlas…

Charlas que impregnarían cada pensamiento y cada acción de mi vida.

Recuerdo una mañana que me dirigía al pueblo por unas provisiones, ver al guía practicar unos movimientos que recordaban al taichi, se le veía muy alegre y no pude evitar el comentarlo:

-Esta mañana se le ve feliz maestro-

-¿No será que el que mira modifica lo que ve, y yo ayer estaba tan feliz como hoy, pero tú no lo viste con los ojos de ahora?

Me quede mirándolo, tratando de agregar algo, pero antes de que pudiera me invitó a sentar sobre un tronco que la última tormenta había arrancado de raíz, y que esperaba terminar sus días como leña para la chimenea de la casa.

-Feliz, dijo -cuando siguió hablando-¿qué es la felicidad?

El había abierto una puerta y me invitaba a pasar como era su costumbre, y yo deseoso como estaba, no iba a desaprovechar la oportunidad, así que conteste.

-Felicidad, alegría, lo que la gente entiende.

-Lo que la gente entiende, repitió sin dejarme terminar, y me miró fijamente-

-¿Tu crees que la gente entiende lo que es la felicidad?

-¿Tu crees que se preguntan con ánimo de indagar realmente?

-Si fuera así ¿No sería distinto todo?

-Ahora dejemos a la gente creyendo sus cosas y dime tu ¿Qué crees que es la felicidad? Preguntó, y se quedo en silencio mirándome fijamente esperando una respuesta.

-Bueno -dudé en usar las palabras correctas-la satisfacción de los deseos, respondí

-Si asumes que esto es así, continuó hablando, solo serás feliz entorno a situaciones, ¿No crees tú que la felicidad debiera ser un estado interno, y no estar sujeto a los caprichos de las cosas? Y una vez mas su silencio apuraba mi respuesta.

-¿Pero cómo estar feliz si las cosas no son como yo quiero?

-¿Por qué no pensar mejor en ser feliz y no en estarlo, no cambiaría esto la relación con las cosas? Preguntó, y a la par que se estiraba un poco agregó:

Empezar a ser, como un estado que nos integra y no un estar feliz en función de una situación variable con las fluctuaciones del medio.

Eso que tu llamas felicidad, o lo que la gente cree que es, se da cuando la proyección psíquica de la realidad se condice con la realidad misma, mientras más puntos coincidan de una con la otra, mas feliz se está, no hace falta que te diga que aparece cuando estas no condicen.

-¿Se puede entonces vivir sin proyectar? Pegunté ansioso por aclararme.

-Y el me preguntó a su vez ¿Acaso, esta proyección psíquica, es vivir realmente, o se pasa algo por alto?

-¿Pero el proyectar de esta manera, no nos da dirección en la acción? Pegunté al guía.

En la felicidad de la proyección, me respondió, hay una pretensión del ego, que espera que el mundo, la vida o las gentes se ajusten a su capricho. La pretensión de que las cosas sean como uno quiere nos acerca más al sufrimiento que a la felicidad, el que proyecta lo hace, ahora hacia el pasado, ahora hacia el futuro, y es en ésta proyección de la imaginación y la memoria que se pasa por alto lo único real, el presente. La vida es minuto a minuto, ni antes ni después, y esto debe ser así, y poco importa lo que uno quiera.

-Entonces ¿Cómo entro en el presente? Pegunté, entendiendo la importancia de este hecho.

-¿Tal vez uno debería preguntarse como salir de los laberintos irreales de la proyección? Estar en el presente es el estado natural, cuando se deja de proyectar y pretender, y se permite a cada tiempo ocupar su lugar, se sincronizan los tres tiempos, y las cosas simplemente son, aquí y ahora.

-Amigo mío, aceptar el devenir de los acontecimientos sin resistir, como éste tronco, ¿por qué no piensas un poco en él? Al igual que el resto de las criaturas de la naturaleza, acepta su situación y se integra a la rueda de la transformación, sin pretender que sea antes ni después, sin resistir y sin negar, cumpliendo así con el destino, no con su idea

de él.

¿No sería bueno para el hombre abandonar su idea del destino, y simplemente hacer como este tronco? Ahora, por favor, ve y trae el hacha, no demoremos más nuestro destino, que la leña se acaba.

Anibal Gomez (Sutul Nare)